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 20 de abril de  2019
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Manuel Dorrego, republicano y federal

Manuel Dorrego, republicano y federal

Hoy se cumplen 190 años del fusilamiento de Manuel Dorrego. ¿Quién era este hombre cuyo nombre forma parte de la toponimia porteña? ¿Cuáles eran sus pensamientos? ¿Por qué lo mataron? Para responder estas preguntas, debemos prestar atención al origen y desarrollo del partido federal porteño.

“En la tarde caliente del 13 de diciembre los disparos del pelotón silenciaron los mugidos de las vacas. Le temblaron los labios y cerró los ojos, el coracero que bajo el tala era testigo anónimo de una muerte más. La sombra huraña del corral de palo a pique, apenas cubrió la frente sangrante y deshecha. Cayó encogido hacia atrás, golpeando los algarrobos desgastados por el viento y los ganados. Entre la bosta se estremeció con la mano derecha cerrada en puño impotente sobre el corazón. Sus botas negras blanqueadas de polvo arañaron con los tacos el pasto seco. Era 1828 año del Señor de la venganza y el odio”, dice Andrés Carretero.

El historiador Enrique Barba, en un trabajo titulado Unitarismo, federalismo, rosismo, diferencia al federalismo –incluido el porteño– del rosismo, con lo cual plantea que las ideas y proyectos de Manuel Dorrego no eran los mismos que los sostenidos por Juan Manuel de Rosas.

El partido federal porteño tiene su más remoto origen en la revolución de 1815, que derrotó al director Carlos María de Alvear. Poco después, durante el gobierno del director Juan Martín de Pueyrredón, Manuel Dorrego tuvo que exiliarse. Finalmente recaló en Baltimore (Estados Unidos). Allí conoció el funcionamiento de la primera democracia republicana y federal del mundo. Consolidó su pensamiento federal advirtiendo la necesidad política de las autonomías provinciales en la Argentina.

Retornó a fines de 1819 y en la crisis de 1820 lo vemos desplegar sus primeras acciones políticas relevantes. En esta crisis, en Buenos Aires, que se constituye como provincia, se produjo una lucha política y militar que enfrentó a los federales del litoral (Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos) con los directoriales y centralistas que habían sido derrotados en la Batalla de Cepeda, pero que a través de la recién constituida legislatura de la provincia y del Cabildo de Buenos Aires, convirtiéndose en neodirectoriales, trataron de recuperar el poder político.

Manuel Dorrego, quien durante un breve período fue gobernador interino de la provincia, enfrentó al federal Estanislao López. ¿Cómo es posible que el federal Dorrego enfrentase al federal Estanislao López? Es que en el federalismo había diversos matices y tendencias. Dorrego era federal, pero también era porteño y estas contraposiciones explican el enfrentamiento.

La crisis de 1820 se resolvió con el apoyo que los Colorados del Monte, formación miliciana que respondía a Juan Manuel de Rosas, dieron al recién formado gobierno de Martín Rodríguez, en contra de los federales encabezados por Pagola. Dorrego se mantuvo al margen de este último combate y ya en las jornadas previas, cuando se trataba de enfrentar a Estanislao López, se habían producido discrepancias entre Dorrego y Rosas.

Tras la crisis de 1820, la provincia de Buenos Aires, en esa particular coalición que se constituyó entre los hacendados de la campaña y los comerciantes de la ciudad, ingresa en la denominada “feliz experiencia”, en la que, bajo la égida de Bernardino Rivadavia, intenta constituirse en un Estado liberal moderno.

Por medio del congreso de 1826, Buenos Aires se lanzó a un nuevo intento de organización nacional y constitucional. En esa asamblea, Manuel Dorrego se desempeñó como diputado por Santiago del Estero. Con su prédica se opuso a la Constitución unitaria y centralista de 1826, a la calificación del voto que excluía del sufragio a los jornaleros, a los denominados “vagos y malentretenidos”; en suma, a la mayoría de los trabajadores.

Manuel Dorrego, que ya se perfilaba como el jefe del federalismo porteño, tenía su principal base social de apoyo en los trabajadores urbanos, en la comúnmente denominada plebe de la ciudad; pero también contaba con el apoyo de un sector de los hacendados. Cuando el grupo rivadaviano, por medio de la ley Capital, buscó suprimir a la provincia de Buenos Aires, al dividirla en tres jurisdicciones, los hacendados –ya enfrentados con el gobierno por la conducción de la guerra con el Brasil–  rompieron con el gobierno provincial dirigido por Bernardino Rivadavia. La guerra con el Brasil, la desastrosa paz suscripta por Manuel García –enviado de Rivadavia a la corte de Río de Janeiro– en la que la República Argentina reconocía como parte del Imperio del Brasil a la provincia cisplatina, vale decir a la Banda Oriental, generó una crisis política que llevó a la renuncia de Bernardino Rivadavia, a la disolución de las “autoridades nacionales” y a la reconstitución de la provincia de Buenos Aires.

Manuel Dorrego fue electo gobernador por la Legislatura de la provincia. ¿Qué política siguió el nuevo gobernador tanto en el orden externo como interno? Dorrego se pronunció por la continuación de la guerra con el Brasil, pero para llevarla adelante quiso obtener el respaldo de las repúblicas hispanoamericanas, el respaldo de Simón Bolívar, de su proyecto continentalista, uniendo a Hispanoamérica en lucha contra el Brasil, heredero de la política portuguesa en el Plata. Pero ya para esos años la influencia de Bolívar estaba declinando, el partido continentalista estaba en crisis y disolución, e Hispanoamérica marchaba hacia la balcanización. Ese respaldo que Dorrego quería obtener no se pudo concretar. A esto se suman los efectos de la crisis económica sobre el frente externo. Los recursos dinerarios habían sido consumidos por la guerra. No se estaba en condiciones de contratar nuevos empréstitos y el comercio exterior estaba paralizado por el bloqueo del puerto de Buenos Aires por el Imperio del Brasil. Contra su voluntad, Dorrego tuvo que suscribir una paz con el Imperio.

La paz de 1828 establecía que tanto el Imperio del Brasil como la República Argentina reconocían la independencia de la Banda Oriental. La triunfadora era Gran Bretaña. Con la independencia de la Banda Oriental, evitaba que el Río de la Plata fuese un río interior de la Argentina y a un mismo tiempo ponía un límite a la expansión del Brasil hacia las costas de este río. Creaba un Estado tapón, el Uruguay, entre la Argentina y el Brasil.

Al regresar de los frentes de guerra, el ejército que había triunfado en la batalla de Ituzaingó (1827) se sintió traicionado por el gobierno y, hábilmente trabajado por la oposición unitaria desplazada tras la renuncia de Rivadavia, se pronunció contra el gobierno de Dorrego. En ese acto, el ejército estuvo dirigido por Juan Lavalle.

Mientras estos eran los andariveles de la política externa, en el orden interno Dorrego intentó organizar políticamente a la nación bajo un sistema federal. Para ello promovió los pactos interprovinciales y se fijó como objetivo convocar una convención nacional para sancionar una Constitución federal. Este proyecto político se veía socavado no solo por la oposición unitaria sino también por una crisis económica e inflacionaria que el gobierno trató de controlar con un sistema de precios máximos.

Producido el golpe de Estado, Dorrego fue perseguido a la campaña, derrotado y fusilado sin juicio previo en la localidad de Navarro. Lavalle asumió la total responsabilidad. Pero en esa decisión su determinación fue estimulada por las cartas que recibía, en las cuales se lo instaba a cortar la cabeza de la hidra, vale decir, de las rebeliones que habían acontecido después de la Revolución de Mayo. Le decían que en un acontecimiento como el que había protagonizado se ganaba la vida del adversario derrotado. También le decían que cartas como las que había recibido se rompían.

¿Por qué mataron a Dorrego? “Los proyectiles que lo mataron estaban cargados no solo de pólvora y plomo. Los intersticios se llenaron con el despotismo, la intolerancia de los cultos y de los comerciantes logistas. Ninguno de ellos pudo aceptar un federalismo que les impusiera trato igualitario con la chusma. Se negaron a comprender que las Provincias Unidas del Río de la Plata iban más allá del mostrador de sus tiendas o de los límites inciertos de sus estancias. No supieron aceptar la realidad viva que trascendía el debe y haber de sus cuentas personales. Rechazaron lo único auténtico que en ese momento había de Los Andes al Plata y desde el Bermejo al Salado: los hombres que querían vivir en libertad”, concluye Andrés Carretero.

Fuentes consultadas

Carretero, A. Dorrego, Buenos Aires, Ediciones Pampa y Cielo, 1968.   

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