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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 12 de diciembre de  2017
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Malvinas: guerra y trasfondo internacional

Malvinas: guerra y trasfondo internacional

Hoy se cumplen 35 años del desembarco de fuerzas militares argentinas en las islas Malvinas, desembarco que significó su recuperación momentánea para la soberanía nacional después de más de siglo y medio de ocupación inglesa. ¿Qué pudo conducir al régimen reaccionario que encabezaba Leopoldo Fortunato Galtieri a protagonizar un acto de soberanía? ¿Cómo explicar que una dictadura subordinada a las políticas neocoloniales de las grandes potencias capitalistas las enfrentase en una guerra?

La dictadura se había propuesto desde 1976 desplegar tres guerras: en primer lugar, continuar la guerra que libraba contra la guerrilla izquierdista (ERP, Montoneros) y más concretamente contra el proletariado, contra sus direcciones sindicales y políticas más conscientes; en segundo lugar, contra Chile en su diferendo sobre el Canal de Beagle; y por último, la ocupación de Malvinas, materializada el 2 de abril de 1982, que terminó derivando en un conflicto armado con Gran Bretaña, guerra abierta que la dictadura había querido evitar con la mediación de los Estados Unidos y la colocación de Gran Bretaña ante un hecho consumado.

El régimen militar intervino activamente en la lucha contra la revolución sandinista en Nicaragua y contra el movimiento guerrillero en El Salvador, y estas intervenciones lo llevaron a considerar que contaría con el apoyo de los Estados Unidos, por entonces bajo el gobierno republicano de Ronald Reagan, en su enfrentamiento con Gran Bretaña, cuyo gobierno era ejercido por el Partido Conservador, dirigido por Margaret Thatcher. Estas evaluaciones, que el correr de los días demostraría que eran erróneas, no tenían en cuenta que la potencia hegemónica del capitalismo internacional, vale decir el imperialismo norteamericano, necesitaba de la alianza con el imperialismo inglés en su lucha contra la Unión Soviética y el comunismo en Europa y el mundo. En estas circunstancias, la alianza que la dictadura militar había tejido con los Estados Unidos y que hacían de la Argentina un aliado de los norteamericanos en la lucha contra el comunismo no serían suficientes para agenciarse el apoyo de la potencia hegemónica de Occidente en la lucha contra el Reino Unido. Por otra parte, la zona de Malvinas, el conjunto del Atlántico Sur, cobraba cada vez mayores dimensiones en el enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. En efecto, si miramos hacia las costas atlánticas del sur de África, nos encontraremos con la revolución en Angola, con la presencia de fuerzas militares cubanas en la referida región y con la guerra, cuya intensidad variaba en el tiempo, de los revolucionarios angoleños respaldados por los cubanos contra la racista república de Sudáfrica. Más aún, uno de los proyectos del imperialismo era crear la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), similar a su homólogo del Norte (OTAN), con una base militar en Malvinas. Este proyecto de la OTAS es lo que explica que la Unión Soviética, después del 2 de abril, no haya vetado la resolución 502 de la ONU que obligaba al cese de las hostilidades, al retiro de las fuerzas argentinas de Malvinas y a la negociación diplomática entre la Argentina y Gran Bretaña.

Asimismo, tras la ocupación de Malvinas, el gobierno de Margaret Thatcher resolvió enviar  su flota al Atlántico Sur, desalojar a las fuerzas argentinas y recuperar para Gran Bretaña el control de las islas. Debemos tener en cuenta también que la situación interna en el Reino Unido no era en 1982 la más propicia para el gobierno conservador y que en el Almirantazgo existía una resistencia a la supresión de gran parte de la flota de superficie, que sería sustituida por submarinos nucleares. Los frentes internos operaban en favor de la guerra, no solo entre los británicos, sino también en la Argentina. Para 1982, la dictadura argentina mostraba ciertos síntomas de agotamiento; el 30 de marzo se había realizado la jornada de protesta de la CGT contra el régimen y esto aceleró el desembarco en Malvinas, que se estaba organizando desde fines de 1981. Galtieri creía que una operación de esta naturaleza, la recuperación de Malvinas, su reintegración al territorio y a la soberanía nacional, le permitiría a las fuerzas armadas constituir un partido político que heredase al proceso, con lo cual se imprimiría oxígeno a las alicaídas fuerzas que respaldaban a la dictadura militar.

Poco después del 2 de abril, los Estados Unidos intentaron mediar, a través de las misiones de Alexander Haig, entre la Argentina y Gran Bretaña. La propuesta inicial del imperialismo norteamericano contemplaba el retiro de las fuerzas militares argentinas, la detención de la flota británica a más de 1000 millas náuticas de las islas, y la formación de un gobierno interino y tripartito en las mismas. Pero el gobierno argentino exigió que fuese reconocida su soberanía en Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y que las negociaciones diplomáticas concluyesen antes de fines de 1982 con la integración de las islas a la Argentina. El régimen militar creía que su virulento anticomunismo, su participación en la guerra contra la izquierda en Centroamérica y su alianza con los Estados Unidos serían suficientes para que la potencia hegemónica del imperialismo salvaguardase a la dictadura y convenciese a los ingleses de la necesidad de ceder. Craso error de un gobierno que no era más que un peón en el “tablero de ajedrez” del mundo. Puesto ante la necesidad de optar entre la potencia inglesa y el dependiente y neocolonial gobierno argentino, los Estados Unidos inclinaron el fiel de la balanza a favor del león británico.

En el conjunto de las relaciones internacionales, uno de los mayores temores de los norteamericanos consistía en que el gobierno argentino reclamase la intervención del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), que reunía a los países americanos y los obligaba a prestarse asistencia en caso de la intervención de una potencia extracontinental en alguno de ellos. Tratado pensado en función de la lucha contra el comunismo, no tuvo obviamente efectividad en la lucha contra los ingleses porque el gobierno norteamericano consideró que la Argentina había actuado como país invasor.

Preparado el régimen militar para combatir al comunismo, no tenía las alianzas posibles y necesarias para articular un frente sólido contra Gran Bretaña. En efecto, la dictadura se consideraba parte del “mundo occidental y cristiano”, y por ende distanciado del “tercer mundo” y de los países no alineados. Sin embargo, al producirse el conflicto, donde recabó sus mayores apoyos fue en ese mundo y ese movimiento que había despreciado sistemáticamente. Paradoja de la historia, se vio al canciller Nicanor Costa Méndez, obligado por las circunstancias, dirigirse a Cuba y tener conversaciones con Fidel Castro. El líder de la revolución cubana le preguntó al canciller argentino si el general Benjamín Menéndez, gobernador de Malvinas, era de los militares que peleaban o de los que se rendían. Señaló también que si un gobierno se apoya en el pueblo no hay quien pueda vencerlo en una guerra de liberación. Pero esto era precisamente aquello de lo que se carecía. Cuando, finalmente, el 14 de junio de 1982, las fuerzas argentinas en Malvinas se rindieron y Galtieri proclamó que la batalla de Puerto Argentino había concluido, se puso de manifiesto la incongruencia entre un régimen reaccionario y neocolonial, subordinado al imperialismo, y una causa nacional, donde lo que estaba en juego era no solo la soberanía en Malvinas sino en el conjunto de la nación. 

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