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Malvinas en el espejo del cenotafio de Retiro

Malvinas en el espejo del cenotafio de Retiro

Hoy, Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, se cumplen cuarenta años del desembarco de las tropas argentinas en aquellas islas. Recordamos este aniversario ofreciendo una reseña sobre las características visuales y las controversias que generó la localización del más relevante ícono porteño asociado con ese episodio bélico: el Monumento a los caídos en Malvinas, ubicado en la Plaza General San Martín del barrio de Retiro.

El Monumento a los caídos en Malvinas es un cenotafio, vale decir, un monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje al que está dedicada la obra de arte. Está formado por un muro vertical, de forma semicircular, con 25 placas de mármol negro con los nombres de los 649 combatientes muertos en la guerra, sin indicar su grado militar, igualándolos de ese modo en el recuerdo. Sobre el muro hay una silueta de las Islas Malvinas y una lámpara votiva. En forma paralela al muro, se encuentra otra pared con el Escudo Nacional y los escudos provinciales. En una placa recordatoria se lee: “La Nación también rinde homenaje a los que guardan en su cuerpo o memoria las huellas del combate”. El monumento está permanentemente custodiado por una guardia de las Fuerzas Armadas y cada dos horas se efectúa su relevo.

El 5 de mayo de 1989, el presidente Carlos Saúl Menem, por medio del decreto 1405, dispuso su erección. En 1990, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires dictaminó que el monumento sería emplazado en el barrio de Retiro, para ser más precisos, en la Plaza General San Martín, aduciéndose razones históricas y operativas.

El decreto 1405 creó una comisión ad-honorem para coordinar y resolver todas las cuestiones pertinentes al monumento y la Municipalidad, mediante el decreto municipal del 6 de abril de 1990, determinó y justificó así el lugar de su emplazamiento: 1) que la zona de la Plaza Libertador General San Martín debía ser por razones históricas, operativas y de localización el lugar más apropiado para el emplazamiento del monumento dado que a aquel en el pasado se lo llamó “Campo de la Gloria” por la heroica resistencia del pueblo durante las jornadas de la segunda invasión inglesa de 1807 y también recibió el nombre de “Campo de Marte” porque en ella se habían instalado los cuarteles del Retiro del Regimiento de Granaderos a Caballo del General José de San Martín; 2) que por las características del área elegida se facilitaba la concurrencia de numeroso público y esto era óptimo para un contexto adecuado para las ceremonias y actos que se organizasen con el propósito de recordar la gesta de Malvinas; y 3) que se tuvo especial consideración en no alterar la estructura espacial, circulatoria y arbórea existente en la zona.

El lugar elegido provocó una verdadera polémica. La Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos fue una de las instituciones que tuvo un pronunciamiento adverso y así daba cuenta de diversos antecedentes en los que también se había opuesto al emplazamiento de monumentos en esa área que alterasen su significado histórico, el cual , según la citada comisión, debía consagrarse exclusivamente al general San Martín. A su vez, la entidad señalaba que el homenaje a los caídos en Malvinas “merecía un lugar exclusivo para honrar la memoria del evento histórico, por ser sus héroes figuras admiradas y respetadas por todos los argentinos”. En otras palabras, debía elegirse un lugar en el que no se superpusiese el recuerdo de la lucha por Malvinas con el tradicional recuerdo del general San Martín. No debían los lugares y monumentos generar distorsiones en los significados de los lenguajes emplazados.

Por su parte, la Comisión Nacional Pro Monumento Público, en una solicitada del 5 de junio de 1990, hacía la defensa del lugar elegido por la Municipalidad.

En tanto, la Asociación de Amigos de la Ciudad se reunió con el presidente Menem el 9 de abril de 1990 y señaló: 1) que el lugar del emplazamiento debía ser determinado por personas idóneas (arquitectos, urbanistas, escultores, historiadores) ya que los monumentos en los espacios públicos debían, por un lado, afianzar la conciencia histórica de los ciudadanos y, por el otro, enriquecer los espacios de la urbe; 2) que la determinación del lugar debía ser resuelta en un concurso abierto en el que los artistas participantes con sus proyectos de monumentos incluyesen en ellos su propuesta de localización; y 3) que debería constituirse un jurado con personas que debían ofrecer las máximas garantías derivadas de sus antecedentes para dictaminar sobre el monumento.

Finalmente, fue la Comisión Nacional Pro Monumento la que definió, sin concurso, el proyecto recordatorio. Su presidente era el arquitecto Eduardo Quiñones y el proyecto elegido fue el realizado por el arquitecto Andrés Morán, del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Nación, y sin atender a las objeciones se ratificó a la Plaza Libertador General San Martín como el lugar de su emplazamiento. De acuerdo a lo citado por María del Carmen Magaz, se señaló que “el decreto del Poder Ejecutivo del año 1942 que declaró lugares históricos a la Plaza de Mayo y Plaza San Martín no se ve afectado en forma alguna por el monumento”. No se tuvo en cuenta su ubicación frente a la Torre de los Ingleses ni el hecho de que un monumentos destinado a recordar a los muertos por la patria no podía encontrarse en un lugar de mucho tránsito vehicular y sumamente ruidoso, así como tampoco lo argumentado por algunos urbanistas que se pronunciaron contra la destrucción de la barranca y la mutilación de un espacio verde la ciudad.

También generó polémica la fecha de inauguración del monumento. Menem había anunciado que la misma se produciría el 10 de junio. Esto motivó la oposición del Centro Naval, que sostuvo que la fecha del 10 de junio formaba parte del proceso de desmalvinización iniciado durante la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989). Proponían los marinos que se lo inaugurase el 2 de abril de 1991, recordando la fecha en que fueron recuperadas las islas. Finalmente, motivos vinculados a la agenda presidencial determinaron que el monumento fuese inaugurado el 24 de junio de 1991.

Fuentes consultadas

Magaz, María del Carmen. Escultura y poder en el espacio público, Buenos Aires, Acervo Editora Argentina, 2007.

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