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 16 de julio de  2018
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La Tragedia de la Puerta 12

La Tragedia de la Puerta 12

Recordamos hoy el cincuentenario del suceso que se referencia como la Tragedia de la Puerta 12, sobre el cual reinó durante mucho tiempo un ominoso silencio al que contribuyó la inacción de la Justicia en la búsqueda de responsabilidades.

El domingo 23 de junio de 1968, al terminar, en la cancha de River, en un empate en cero el superclásico entre el local y Boca, parte de la hinchada de este último equipo, al retirarse de la tribuna Centenario a través de las escaleras que conducían a la puerta 12, se encontró con los molinetes colocados y la puerta cerrada. Las avalanchas y amontonamientos que se produjeron dejaron 71 víctimas fatales y decenas de heridos.

“La foto más siniestra que consta en autos, retirados los bretes (molinetes) y abiertas las puertas rebatibles para auxiliar a los heridos, muestra un cubo humano de más o menos 1,40 mts de alto, unos 8 de ancho y entre 12 y 14 de fondo”, señala Amilcar Romero en su trabajo de investigación sobre el episodio. Y dice más adelante: “Fue la ley de la Selva, el darwinismo en su más primitiva y pura expresión. Los que salvaron el pellejo lo hicieron pisoteando semejantes y abriéndose paso entre sus iguales, a piñas, patadas y empujones, sacando del medio a seres humanos como obstáculos indeseables, tumbando debiluchos, flacuchentos y, sobre todo, adolescentes y criaturas”. 

Para 1968 el fútbol ya se había convertido en un gran negocio que movilizaba millones de pesos. ¿Produce plusvalía un fútbol ista? Marx daba al respecto el ejemplo de una cantante y decía que si la misma cantaba para sus amigos, pongamos en un fiesta, no desarrollaba trabajo productivo alguno y consecuentemente no producía plusvalor. Pero si esa cantante cantaba, supongamos, en un teatro para un empresario que cobraba entradas al público, entonces realizaba un trabajo productivo porque valorizaba el capital invertido y por ende producía plusvalor, ya que para Marx el trabajo productivo es el que valoriza el capital.

Pensamos que lo mismo podemos decir respecto de los fútbol istas. Si estos juegan para sus amigos, en una cancha o en un potrero, sin que medie pago alguno, entonces no producen plusvalor. En cambio si juegan en una cancha, como la de River, en la que se cobra una entrada, están valorizando el capital vinculado a ese espectáculo deportivo, y siendo su juego, entonces, un trabajo productivo, generan plusvalor.

En 1968 los clubes de fútbol ya funcionan como grandes empresas capitalistas y no tanto como asociaciones civiles y deportivas. El fútbol  casi ha dejado de ser un deporte y se ha convertido en un espectáculo organizado por el capital. Y nada mejor que lo acontecido tras la tragedia en la cancha de River ilustra el antagonismo entre el hincha que transpira la camiseta y los presidentes de los clubes que no son otra cosa que burgueses empresariales: conmovidas, las parcialidades fútbol eras organizaron colectas en todas las canchas con el fin de ayudar económicamente a los familiares de las víctimas que, en su gran mayoría, eran de una extracción social muy humilde, y recuerda Romero que, veinte años después, los abogados patrocinantes de la casi totalidad de las víctimas le contaron sobre “el destino sufrido por las miles de alcancías repletas de chirolas, chanchitas y billetes arrugados que fueron a parar a un depósito del edificio de Viamonte al 1300 y donde la AFA, tras los pasos del escribano Kent, para entregar la alícuota reclamada exigía la previa firma de un escrito donde se declinaba de toda acción tanto contra la entidad rectora del fútbol argentino como en perjuicio de su prestigioso afiliado, River Plate”.

Y agrega: “El lugar jamás ha tenido ni tendrá una placa recordatoria. Contra lo que pudiera suponerse, Boca Juniors, constitucionalmente o por la vía de los deudos, tampoco ha hecho nada ni hará nada, a pesar de toda la pompa de todo su merchandising del centenario. Quien más, quien menos, ha aportado su poquito para que se cumpla aquello de que lo pasado, pisado. Sin embargo, como todo lo que no se supera, resucita, cada tanto, por anchas o por mangas, las almas en pena salen a darse una vueltita para recordar que todo está tal cual”.

Y efectivamente, todo un mundo separa al hincha de los mercaderes del fútbol. Para los primeros es un sentimiento, una pasión que proporciona risas y llantos de acuerdo al resultado del partido; para dirigentes e incluso fútbol istas es un negocio que proporciona millones.

Cuando el capital se apropia de una actividad, en este caso de un deporte, lo transforma en un medio de producir plusvalor, la ganancia ambicionada. “‘Este sano y fortaleciente juego practicado con mesura ha degenerado de algún tiempo a esta parte por las modalidades bestiales e intereses bastardos que ha adquirido en manos de elementos que son harto perniciosos en cualquier terreno que se inmiscuyan’ (…) El cuestionamiento se basaba en la crítica al espectáculo que distraía y embrutecía a los asistentes. Incluso ya hacia fines de la década del veinte algunas notas arremetían contra socialistas y comunistas pues ellos buscaban construir una alternativa en el mismo espacio competitivo de los clubes que comenzaban a dejar el deporte amateur para convertirse en profesionales. Por la misma época ¡ ‘Bandera Proletaria’, expresión de la USA (Unión Sindical Argentina), criticaba el ‘Deporte Obrero’ por inútil para que el hombre desarrolle su físico y su mente de manera armoniosa”, dice Mirta Zaida Lobato.

Del fútbol  deporte al fútbol  espectáculo es el camino recorrido por este deporte a partir de su profesionalización. Y, a medida que los negocios se incrementaron, el fútbol comenzó a asumir en la sociedad burguesa el rol que en la sociedad esclavista romana desempeñaba el circo. Es la antigua, antiquísima política de “pan y circo” para controlar ideológica y políticamente a las clases trabajadoras. El fútbol se convierte en una especie de droga, de opio, que enturbia en tanto velo la comprensión de la realidad. Es una especie de escapismo frente al drama de la explotación.

“Dada la época que corría –continúa Romero–, los esfuerzos por invisibilizar y atenuar causas y efectos de la Puerta 12 no fueron muchos. Tampoco fueron pocos. Nada más que los de uso común y corriente. Por lo pronto, el matutino de los Mitre (La Nación) se subió desde el primer momento a un total de 72 víctimas, guarismo del cual nunca se retractó ni dio razones. Menos que menos intentar por lo menos delinear un croquis del mapa social donde había sucedido el hecho. Las barras bravas, institucionalizadas y profesionalizadas, ya estaban por cumplir su primera década de vigencia y de ser parte esencial de Fútbol  Espectáculo SA”.

Qué lejos estaba el fútbol  de sus comienzos, allá en el siglo XIX. “Estos terrenos (los próximos al Planetario) fueron testigos del primer partido de foot- ball jugado en América. Allí se reunieron curiosos porteños incitados por un aviso aparecido en The Standard del 27 de junio de 1898 que invitaba a la población a participar de una demostración de un juego cuyas reglas se darían a conocer en el campo y que se jugaba con una pelota de cuero y once rivales por bando. Como dato curioso diremos que solo se consiguieron reunir ocho jugadores por equipo; debido a que los caballeros tenían pudor de presentarse de pantalón corto. El partido terminó cuatro a cero a favor de los rojos, equipo en el que jugaban los famosos hermanos Hogg”, aporta Oscar Himschot.

Fuentes consultadas
Himschott, O. “Cafés del Parque Tres de Febrero” en AAVV. Los cafés de Buenos Aires, vol. II. Buenos Aires, Ediciones Turísticas, 2000.
Lobato, M. Z. “Manifestaciones, conmemoraciones y tiempo libre de los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires en  la primera mitad del siglo XX” en AAVV. Lo celebratorio y lo festivo. 1810-1910-2010, Buenos Aires, CPPHC, 2009.
Romero, A. La Puerta 12. Un superclásico trágico, Buenos Aires, Ediciones Baires Popular, 2005.

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