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 17 de julio de  2018
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La nación etnográfica de Gramajo Gutiérrez

La nación etnográfica  de Gramajo Gutiérrez

Hoy hace 125 años, el 29 de marzo de 1893, nacía en Monteagudo, provincia de Tucumán, cerca del límite con Santiago del Estero, el pintor argentino Alfredo Gramajo Gutiérrez. Ante su obra cabe preguntarnos –y pensamos que la respuesta es afirmativa– si nos encontramos frente a una plástica que expresa una peculiar metafísica americana.

Huérfano a los 14 años, Gramajo Gutiérrez se trasladó a Buenos Aires para trabajar en las Oficinas de la Administración de Ferrocarriles del Estado. El permanente viaje a su tierra natal convierte a su vida en un constante viaje al útero de la tierra como matriz fundante de su arte. Se continúa la génesis de la constitución de su identidad, producto de una relación dual y complementaria sin tensiones.

En 1910 concurre a la Exposición de Arte del Centenario y, deslumbrado, lo registra en su primer cuaderno de bocetos al capturar con tímidas líneas de grafito y tinta el inicio de una relación de fidelidad con su vocación por el arte.

Su producción plástica abarca la primera mitad del siglo XX en paralelo a procesos importantes como la culminación de la República Conservadora, el ascenso y los gobiernos del radicalismo, el golpe de Estado de 1930 y la década infame, el surgimiento y desarrollo del peronismo y finalmente el golpe de Estado de 1955 y los primeros años de la “democracia condicionada”.

 En estos contextos Gramajo Gutiérrez desarrolla un arte que representa, ante todo, al pueblo criollo y mestizo del noroeste argentino. Como pintor, traslada al lenguaje icónico costumbres, fiestas y rituales, y los instala “escenográficamente” en un despliegue que atrapa al espectador gracias a la particular comprensión expresada sobre los sectores populares, indígenas y mestizos incluidos en su producción.

La plástica de Gramajo Gutiérrez se nos presenta como una excelsa combinación de dibujo y color. El dibujo desempeña una función constructiva, resalta el rol de la línea y la función de la forma constituyendo el valor arquitectural, mientras el color se nos presenta en “formas puras” y a un mismo tiempo con matices de tonalidades, todo lo que apunta a su valor expresivo. No se trata de una sensibilidad romántica sino de un latir de emociones que traducen la comprensión de un sustrato cultural cuyo dinamismo parece haberse detenido en el tiempo.

Nos encontramos frente a la racionalidad de la tierra, de sus hijos y herederos; para ello se conjugan el dibujo y el color. Es una plástica que indaga en el trabajador criollo, en su trabajo y en sus tiempos libres dominados por las fiestas. Es como preguntarle al tabaquero, al zafrero, al campesino por su identidad, por todo aquello que hace al mundo cultural de una Argentina profunda, alejada de la ciudad puerto de Buenos Aires. Es decirnos que el trabajador inmigrante, el europeo, no agota el mundo del trabajo y de las fiestas, de las mentalidades y costumbres; la Argentina no es solo la sociedad aluvial, la de los inmigrantes, hay una nación si se quiere arcaica y vetusta, pero no por eso menos esencial en lo que hace a la conformación del “ser nacional”. 

Nuestra intuición nos indica que estamos frente a una plástica que refleja la búsqueda de un ser americano, que se sustenta en su simbiosis con la tierra madre. Un ser americano dolido y sufriente que podemos visualizar en el propio Gramajo Gutiérrez cuando dice: “En este ambiente casi brujo nací, heredé de mi pueblo el aciago pesimismo y creía que la vida era solo un sueño perverso. El misterio era para mí algo real y tangible… Duende, luces malas y apariciones danzaban en mi mente y mi sueño se volvió desesperado. En la noche las ánimas esparcían su frío por mi cuerpo y sentía su respiración en mi almohada y me apretujaba con desesperación en las cobijas”.

 En 1920 Leopoldo Lugones lo había considerado como “el pintor nacional”. El mismo epíteto utiliza Ricardo Rojas, y Fernán Félix de Amador, en la Nueva Revista del Plata, dice de Gramajo Gutiérrez : “(...) pintor de la tierra, nacido al borde de la selva, en un país de carácter misterioso y arcaico, donde la vida detiene su curso en una atmósfera de pesadilla”.

La pintura de Gramajo Gutiérrez se inserta dentro de la polémica en torno de qué es un arte nacional. Problema no menudo que nos transporta a través de diversas formas visuales, diferentes estéticas y selección de temas en las pinturas. No se expresarán de la misma manera los artistas académicos, los impresionistas, los que cultivaron un realismo social, y aquellos otros que, como Gramajo Gutiérrez, buscaron una estética nativa, sobre todo en la selección de los motivos y temas, tratados plásticamente por medio de “formas de ver” que tomaban elementos tradicionales y novedosos provenientes del muralismo y del realismo.  

Pero ¿en qué consiste un arte nacional? Construir la nación, para los liberales, era internalizar en la conciencia social “valores nacionales” relacionados con la Revolución de Mayo y la Guerra de la Independencia. Esto no podía sino incidir en la enseñanza con la adopción de ciertos rituales cívicos y con los debates de la conformación de un campo artístico “nacional”. Así, el arte nacional estaría formado por aquellas obras que remiten a los acontecimientos fundadores, afirmados en el plano de las pinturas de carácter histórico con los óleos de Julio Fernández Villanueva, Pedro Subercaseaux y José Bouchet, entre otros.

En este campo cultural, una corriente estéticamente renovadora percibirá “lo nacional” en el paisaje. Siguiendo esta preocupación, Martín Malharro propone: “Para fundamentar la pintura nacional es necesario que olvidemos casi lo que podamos haber aprendido en las escuelas europeas. Es preciso que, frente a la naturaleza de nuestro país, imaginemos su misterio explorando, buscando el signo, el medio apropiado a su representación”.

Como correlatos de la historia y la geografía, en la “estética patriótica” y “los paisajes nacionales” tenemos acontecimientos políticos y militares, por un lado, y la vasta territorialidad del país, por el otro. A estas concepciones cabe agregar, con la plástica de Gramajo, una nueva idea donde la “nación etnográfica“ pasa a ser el motivo central de un “arte nacional”.

Desde la lectura de los nuevos intelectuales, podemos enunciar que el concepto de “nación etnográfica” nos conduce a la revalorización de lo indígena y a pensar la nación pluriétnicamente, o como una mixturización de lo europeo y lo americano. Es la  Eurindia de Ricardo Rojas expresada en la plástica de  Gramajo. El espíritu de la tierra será definido por Rojas con un término que despertará una tenaz oposición: “indianismo”.

Este indianismo le servía a Rojas para dos propósitos. Por un lado, proponer una vía singular de formación de la argentinidad, que partía de su tan apreciada conciliación de los opuestos. Al tomar distancia de la visión de una Argentina como un simple trasplante europeo, la Argentina tendría, pues, una doble matriz, pero esto implicaba reconocer un argumento que la elite siempre había negado: la realidad de un país mestizo. El trabajo Eurindia, de Ricardo Rojas, estaba destinado a alentar la creación de un hombre nuevo, en base a la fusión de elementos europeos y americanos. Se proyectaba como el programa estético para este hombre, planteando los contornos de su literatura, danza, música, arquitectura y pintura.

En una dialéctica sugerente, el color  y el dibujo se convirtieron para  Gramajo en los lenguajes narrativos de su interioridad y en un registro de los paisajes y personajes de su tierra, rescatados por su código estético en su obra desde la sensibilidad y la potencia creadora.

El desafío de ahondar en las diversas facetas de su creación e internarnos en el universo simbólico de su sentida y particular religiosidad ofrece un diálogo fecundo sobre una producción cuya originalidad se sustenta en la lograda construcción de una estética singular para la representación de las realidades que lo conmovieron.

 

Fuentes consultadas
Iparraguirre, S. Impresiones y paisajes nacionales. Pintura argentina. Impresionismo y paisaje. Buenos Aires, Banco Velox, 2001.
Majluf, N. “Nacionalismo e indigenismo en el arte americano”, en Gutiérrez Viñuales, R. y Gutiérrez, R. Pintura, escultura y fotografía en Iberoamérica, siglos XIX y XX. Madrid, Cátedra, 1977.
Amador, F. Nueva Revista del Plata.

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