TPL_GK_LANG_MOBILE_MENU

 

ban720

TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 27 de septiembre de  2020
A+ A A-

“La imagen de un hombre de bien”

“La imagen de un hombre de bien”

Se cumplen hoy ciento veinte años del nacimiento de don Arturo Umberto Illia, el gran presidente argentino derrocado para instalar un modelo corporativista impulsado por cúpulas militares, empresariales, eclesiásticas y de la burocracia sindical.

Hijo de inmigrantes italianos, su nacimiento tuvo lugar en Pergamino, provincia de Buenos Aires; en esa ciudad cursó las primeras letras.

En 1927 egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y en 1929 se radicó en Cruz del Eje, Córdoba, donde su abnegado ejercicio de la profesión le valió el apelativo de “apóstol de los pobres”.

Desde muy joven militó en el radicalismo, en cuya representación desempeñó distintos cargos legislativos y ejecutivos. Así, en 1935 fue electo senador provincial por el departamento de Cruz del Eje; en 1940, vicegobernador de Córdoba (función que ejerció hasta la intervención de la provincia por el gobierno surgido del golpe de 1943) y en 1948, diputado nacional, cargo en el cual, junto con su colega de bancada Santiago Nudelman y el socialista Alfredo Palacios, se destacó por sus denuncias contra la tortura a los presos políticos y otras prácticas del gobierno de entonces, por lo que estuvo a punto de ser desaforado.

En 1963 fue consagrado presidente de la Nación: vale recordar, como anécdota ilustrativa de su carácter, que durante la campaña hizo caso omiso de los asesores de imagen que le aconsejaban retocarse las canas, porque consideraba que “eso también era fraude”.  

Según explicó el historiador Diego Barovero, presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano, “nunca existió el mal llamado ‘pecado de ilegitimidad’ ni el triunfo por el 25% de los votos, superados por el voto en blanco difundido por voceros del establishment para justificar el golpe que lo derrocó en 1966”, puesto que “los votos en blanco no superaron el 19% y, cuando se escrutan los votos afirmativos válidos, Illia obtuvo el 34% y mayoría absoluta en los colegios electorales”.

Por su parte, Gustavo Vivo, docente de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires e hijo de quien se desempeñó como director de la Secretaría Privada de la Presidencia durante el gobierno de Illia, precisó: “No necesitó mentirle al pueblo para llegar ni hizo lo contrario a lo comprometido en la campaña electoral. Para gobernar se aferró a las bases de acción política y al programa de la Unión Cívica Radical. Sencillamente, cumplió con la palabra empeñada”.

Asumió el 12 de octubre de 1963; fue el primer presidente argentino que en la ocasión no vistió frac, sino un sencillo traje de calle. En su discurso ante la Asamblea Legislativa, dijo, entre muchas otras cosas, que “es urgente proceder a modificar y reestructurar un estado de cosas que, por injustas, son inhumanas, e instaurar un orden social fundado en la justicia” y que “solo una cruzada de honda pulsación humana por la liberación del hombre contra todas las formas degradantes del imperialismo y del absolutismo, en todos sus aspectos, podrá salvar al mundo de su grave crisis”.   

De acuerdo con la información del Ministerio de Educación de la Nación, su primer acto de gobierno consistió en eliminar las restricciones que pesaban sobre el peronismo y poco después levantó la prohibición del Partido Comunista.

En cuanto a los aspectos económicos y sociales de su gobierno, las cifras son elocuentes. En ese tramo de apenas 33 meses, el PBI subió de 2,4% (1963) a 10,3% (1964) y 9,2% (1965); el crecimiento de la industria en el periodo 1964-1965 fue el más alto registrado en la Argentina: 35,3%, y el del agro fue auspicioso: 7% (1964) y 6% (1965). El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%, la participación de sueldos y jornales en el ingreso bruto se incrementó del 36,5% en 1963 al 38% en 1965 y al 41,4% en 1966 y la desocupación se redujo del 8,8% (1963) al 7,4% (1964) y 6,1% (1965). Fue el único gobierno que no solo no aumentó la deuda externa, sino que la redujo en casi un tercio: de 3.390 millones de dólares a 2.650 millones. Además, durante su gestión se sancionó la Ley 16.459 del salario mínimo, vital y móvil.

En lo que a educación se refiere, la participación del rubro en el presupuesto nacional subió del 12%, en 1963, a 17% en 1964 y a 23% en 1965. Asimismo, en noviembre de 1964 se implementó el Plan Nacional de Alfabetización, que siete meses después contaba con doce mil quinientos centros de alfabetización y su tarea alcanzaba a trescientos cincuenta mil alumnos de dieciocho a ochenta y cinco años de edad, mientras que entre 1963 y 1966 se graduaron de la Universidad de Buenos Aires aproximadamente 40.000 alumnos, la cifra más alta en la historia de esa casa de altos estudios.

Sin embargo, su gobierno se vio hostigado por una cerril oposición en los frentes político y gremial, y hasta intelectual, así como por un infame operativo de prensa que logró calar en amplios sectores de la opinión pública, mientras los militares estaban al acecho. “Fue intensamente combatido: por una izquierda que nunca entiende nada, y por la derecha que se daba cuenta; por los grupos de poder –internos y externos– afectados en sus privilegios a partir de las decisiones de ese gobierno”, comentó Vivo.

Ante la imposibilidad de achacarle hechos de corrupción o irregularidades de cualquier tipo, se procuró que la opinión pública caracterizara a su gobierno como lento, inepto e inoperante: así, se lo comparó con una tortuga y se lo caricaturizó como tal. También se hizo mofa de sus escapadas sin custodia a la Plaza de Mayo, en uno de cuyos bancos se sentaba a leer los diarios, según acotaba nuestro recordado amigo Juan Canosa.

Juan destacaba asimismo que durante ese gobierno no se cedió a las presiones norteamericanas para enviar tropas a Santo Domingo y tampoco rigió el estado de sitio, pese a los violentos hostigamientos como las huelgas salvajes organizadas por la CGT, que dispuso también una suelta de tortugas. Después, los dirigentes sindicales Augusto Vandor y José Alonso estuvieron entre los asistentes a la asunción de la titularidad del gobierno de facto por el general Juan Carlos Onganía, quien encabezó el golpe que derrocó a Illia; la “caja” de las obras sociales fue la recompensa que la burocracia sindical obtuvo por su apoyo.  

En cambio, muchos aseguran que Agustín Tosco fue amigo de Illia; lo cierto es que en 1972, desde la cárcel de Villa Devoto, le escribió una carta donde menciona la “límpida trayectoria ciudadana” de quien ya era ex presidente.   

Aunque se trate de un hecho conocido, no está de más recordar que el golpe de Onganía estuvo ligado a intereses de grandes grupos económicos. “Así como del derrocamiento de Yrigoyen se dijo que tuvo olor a petróleo, del de Illia podemos decir que tuvo olor a petróleo y a medicamentos. La anulación de los contratos petroleros suscriptos por YPF entre el 1° de mayo de 1958 y el 12 de octubre de 1963, y que el Congreso declaró 'leoninos', había sido un compromiso electoral; sobre su significación basta con señalar, a modo de síntesis, lo que dijo [el entonces presidente de Estados Unidos, John F.] Kennedy (quien había enviado un representante especial, Averell Arriman): ‘Es un acto de soberanía económica ejercido por el gobierno argentino’”, subrayó Vivo.

Y prosiguió: “El otro gran tema donde debemos rastrear las causas de su derrocamiento está en la ley de medicamentos [Ley 16.462, también llamada Ley Oñativia en homenaje al ministro de Salud, Arturo Oñativia, y sancionada en agosto de 1964]. Desde luego que no se pretendía limitar el desarrollo de la industria, pero sí protegerla de las fuerzas del mercado, a partir de considerar a los medicamentos como bienes sociales al servicio de la salud pública. En ese sentido, comenzó por estudiarse la cadena de costos en la producción, como así también la calidad de los productos; y, mientras se debatía la ley, se logró que el Congreso dispusiera el congelamiento de los precios. Lo cierto es que los laboratorios no podían explicar los costos, y tampoco presentaron una explicación de la calidad de sus productos. A los diez días de la caída del gobierno de Illia, el de facto liberó los precios de los medicamentos”.

El presidente constitucional Arturo Umberto Illia fue derrocado en la madrugada del 28 de junio de 1966. El hecho interpela a los fabricantes de relatos: por cadena nacional, Ernesto Sabato manifestó su apoyo al golpe, y Perón le dijo a Tomás Eloy Martínez, quien lo entrevistó en Madrid para la revista Primera plana: “Illia había detenido el país queriendo imponerle estructuras del año mil ochocientos”. El general no dudó en descalificar a uno de los personajes más honestos de nuestra historia al afirmar: “Como argentino hubiera apoyado a todo hombre que pusiera fin a la corrupción del Gobierno Illia”.

Al asumir la presidencia, hizo constar en su declaración de bienes su casa de Cruz del Eje, que le había sido donada por vecinos, amigos y pacientes; un automóvil, y un módico plazo fijo. Cuando dejó el cargo, solo contaba con la casa: había vendido el vehículo para costear un tratamiento médico de su esposa. Así y todo, rechazó la pensión que como ex presidente de la Nación le correspondía.

Un episodio ocurrido durante la última dictadura habla de la claridad de su conducta e ideas. Según contó Vivo, “tras la recuperación de las Malvinas en 1982, no se subió al avión con Galtieri, aunque sí se dirigió al Sur a izar la bandera en una escuela”. Cabe recordar al respecto que durante la presidencia de Illia la diplomacia argentina, conducida por el canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz, logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la Resolución 2065, que impuso a Gran Bretaña el diálogo bilateral.  

Vivo nos relató otro episodio, menos conocido: “Ese mismo año, después de la renuncia de Galtieri, se promovió –creo que impulsada por Alfonsín– la idea de formar un gobierno nacional que condujera la transición a la democracia: ese gobierno lo presidiría Arturo Illia”.  

Murió en la ciudad de Córdoba el 18 de enero de 1983, en medio de la pobreza. Sus restos descansan en el Panteón de los Caídos en la Revolución del Parque, en el cementerio de la Recoleta.

Juan Canosa guardaba un recuerdo entrañable de la bonhomía de Illia. “Lo conocí poco antes de su muerte, y me confirmó lo que pensaba de él”, contaba. “Yo trabajaba de mozo en el restaurante del tercer piso del Club Español, donde solían reunirse los radicales: [Raúl] Alfonsín, [Eduardo] Angeloz, [Leopoldo] Moreau, los Storani y otros; serían unos quince, se sentaban a una mesa donde los atendía el mozo principal; y el viejo solito en una mesa aparte, que la atendía yo, y que estaba casi al lado del mostrador; hasta creo que la elegía para darme menos trabajo a mí”.

En sus palabras, don Arturo “era muy sobrio: pedía siempre lo mismo, una comida sencilla, que acompañaba con un poco de vino, y nunca participó en las bulliciosas reuniones de los otros; era muy clara la división”.

En muchas ocasiones Antonio López, el dueño del local, quiso agasajarlo, pero sin éxito. “Nunca aceptó las invitaciones que le hacía Antonio; a veces, y después de mucho insistir, aceptaba un café: entonces, al despedirse nos daba la mano en señal de agradecimiento”, refería Juan.

Y así describía al ser humano: “Era tan austero como dicen, y de pocas palabras. Sus rasgos daban la impresión de una imagen tallada en madera: la de un hombre de bien”.

Por nuestra parte, recordamos una frase de Nietzsche citada por Illia en uno de sus últimos discursos presidenciales: “Más vale morir que odiar y temer; más vale morir dos veces que hacerse odiar y temer; esa deberá ser un día la suprema máxima de toda sociedad políticamente organizada”.

Reuniendo material para este trabajo, nos encontramos con otra frase, no menos definitoria, y que le pertenece: “Una nación está en peligro cuando su presidente habla todos los días y se cree la persona más importante del país”.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

volver arriba

Historia

“Vidalita, acordate de José Artigas…”

23 Septiembre, 2020

“Vidalita, acordate de José Artigas…”

Se cumplen hoy 170 años del fallecimiento de José Gervasio Artigas. A propósito de este aniversario, rescatamos en nuestro soporte digital el trabajo que realizamos para la edición gráfica de Tras Cartón de junio de 1994, en ocasión de los 250 años del natalicio del...

Los destellos de amores perdidos

19 Septiembre, 2020

Los destellos de amores perdidos

Se cumplen hoy 130 años del nacimiento en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, de Juan Andrés Caruso, el autor a quien, según se dijo, más piezas le grabó Gardel. Los biógrafos no se inclinaron demasiado sobre su figura: cuentan solamente que su...

Cándido López, pintor y soldado

29 Agosto, 2020

Cándido López, pintor y soldado

Hoy se cumplen 180 años del nacimiento en Buenos Aires de Cándido López, el  más original de todos los pintores argentinos del último tercio del siglo XIX. Cándido López, que había iniciado su carrera como daguerrotipista y había comenzado a formarse como pintor, una vez...

Ray Bradbury, el poeta

22 Agosto, 2020

Ray Bradbury, el poeta

Se cumplen hoy cien años del nacimiento del gran escritor estadounidense Ray Bradbury. Por varios de sus libros icónicos, como Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451, El hombre ilustrado, Las doradas manzanas del sol, a Bradbury se lo identifica como un autor de ciencia ficción. Sobre esto decimos...

ban620b

 

Secciones

Nosotros

Contacto