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 20 de octubre de  2017
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La Fiesta del Niño Alcalde

La Fiesta del Niño Alcalde

A propósito del año nuevo, reproducimos una nota de Miguel Ruffo publicada en la edición de diciembre de 1994 de nuestro periódico. El trabajo ilustra sobre el origen y las características de una festividad religiosa con gran arraigo en el noroeste de nuestro país: la Fiesta del Niño Alcalde.

La Fiesta del Niño Alcalde se celebra fundamentalmente en la ciudad de La Rioja, pero también en otras localidades de la provincia, como Aminga, Alpasinche, Suriyaco, Schaqui, San Blas de los Sauces, Famatina, Chilecito y fuera de la provincia riojana, en la localidad catamarqueña de El Salado.
En esta fiesta se interrelacionan el pasado indígena y el hispánico, las tradiciones incaicas con el catolicismo, lo que podríamos denominar la mestización cultural. Es una manifestación, en el ámbito de lo religioso, de los procesos de aculturación y sincretismo cultural, como resultado de la superposición de la sociedad hispánica conquistadora a las culturas indígenas subyugadas, y es una manifestación también de la supervivencia de las tradiciones incaicas bajo la forma del culto católico.
Debemos tener en cuenta que el noroeste argentino fue la zona de mayor densidad demográfica indígena, ámbito de culturas sedentarias basadas en el cultivo de la tierra, la domesticación de auquénidos, cerámica y metalurgia e intercambios regionales entre los valles y quebradas de la región. Este mundo indígena, formado por diversas culturas, a mediados del siglo XIV quedó subordinado al imperio incaico.
Al producirse la conquista española, todo el noroeste, por su alta densidad demográfica indígena y por las formas sedentario-agrícolas de esas culturas, fue uno de los centros principales del asentamiento español. Los indígenas sometidos fueron distribuidos en encomiendas y repartimientos, quedando sujetos al trabajo obligatorio a favor de la nueva aristocracia de la tierra. En más de una oportunidad se produjeron sublevaciones, como la del siglo XVI que destruyó las ciudades españolas de Canete, Londres y Córdoba del Calchaquí; o la gran sublevación diaguita-calchaquí del siglo XVII.
La ciudad de La Rioja, fundada en 1591 en la región calchaquí, obedecía a la necesidad de asegurarse el dominio de vastas poblaciones indígenas. En cierta ocasión, más de 20.000 indígenas agobiados por el sistema de trabajo expoliador de las encomiendas amenazaron con destruirla. Se sublevaron contra los encomenderos y los alcaldes. Cuenta la tradición que San Francisco Solano salió al encuentro de los indígenas sublevados haciendo sonar un violín y, llevando la imagen del Niño Jesús encontrada en las proximidades, les inquirió por las razones de la sublevación. Los indígenas adujeron el despotismo de los alcaldes (encargados de controlar los repartimientos y encomiendas). Entonces el religioso les preguntó a quién querían por alcalde y los rebeldes señalaron la imagen del Niño, ya que este estaba vestido con ropa similar a la del soberano Inca. A partir de entonces se lo llamó Niño Alcalde. Y la fiesta hace más de trescientos años que se celebra el día en que se acostumbraba cambiar las autoridades del cabildo: el 31 de diciembre-1 de enero; es decir que la Fiesta del Niño Alcalde es la fiesta del Año Nuevo. Es el nacimiento del nuevo año lo que se festeja: el Nuevo Año Pacari.
Los participantes de esta ceremonia se dividen en dos grupos: los allys, que son los hombres buenos del pueblo, y los alfereces. Cada grupo forma una procesión. El primero lleva al Niño Jesús, que ese día es el Alcalde del Mundo, y el segundo a San Nicolás de Bari. Al mediodía del 31 de diciembre se encuentran ambas procesiones que habían partido de distintos lugares, y mientras San Nicolás rinde reverencias al Alcalde del Mundo (o sea, los alcaldes rinden pleitesía al Inca), los allys entonan la canción del Año Nuevo Pacari, que en su primera parte dice: “Año Nuevo Pacari / Niño Jesús Canchari / Inti-tapas llallirpa / Coyllur llallir llallircha / Belay quita quichari / canchar palunsirquir / coriante su campi / Coronay quiblirpipia / Mamay Virgen Santísima…”.
Después el Niño Alcalde entra en la Catedral, donde permanece tres días. Por la tarde del 31 de diciembre se lo visita, por la noche es su velorio, y a las doce de la noche, cuando despunta el 1 de enero, se produce el estallido de estruendos, bombas y petardos celebrando el nacimiento del nuevo año. El 3 de enero, frente a la Casa de Gobierno, San Nicolás despide al Niño Alcalde que retorna al Convento de San Francisco. Y a la Catedral vuelve la imagen de San Nicolás que había sido sustituida por el Niño Alcalde.
La Fiesta del Niño Alcalde es netamente popular y en todo momento el Inca representa la máxima autoridad. De nada valieron las prohibiciones realizadas tiempo atrás, y gobernantes y clero toleran y participan de las ceremonias. Más valía cooptarla que reprimirla.

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