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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 1 de julio de  2022
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La caída de la Unión Soviética

La caída de la Unión Soviética

Hoy se cumplen treinta años de la dimisión de Mijail Gorbachov, término final en el proceso de disolución de la Unión Soviética, cuyo nombre completo era Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Culminaba así un proceso de reformas iniciadas en 1985 que habían tenido por finalidad “renovar el socialismo”. Pero, ¿por qué eran necesarias las reformas? Hagamos un poco de historia.

Lenin siempre pensó a la Revolución Rusa que lideró como una parte integrante de la revolución proletaria europea. Era consciente de que una serie de circunstancias excepcionales le habían permitido al proletariado ruso desembarazarse, más o menos rápidamente, de la burguesía. Pero para que la revolución proletaria rusa llegase a feliz término, vale decir, al socialismo, era necesario que, a su debido tiempo, fuese auxiliada por el triunfo de la revolución proletaria en Europa, ante todo en Alemania. La derrota de estas revoluciones determinó el aislamiento de la Rusia soviética y este fue uno de los factores que explican la degeneración burocrática del Estado obrero. Asimismo, Lenin señalaba que ante el proletariado ruso se alzaba un nuevo enemigo: la burocracia, y que si no se era capaz de derrotarla, se corría el peligro de perderlo todo. Apoyándose en la clase obrera, Lenin se aprestaba a combatir a la burocracia. Tras su muerte, Stalin, con su “teoría” del socialismo en un solo país y apoyándose en la burocracia del partido y del Estado, deformó la revolución e inició el proceso que llevaría a la derrota político-ideológica del proletariado internacional.

Aislada, la Unión Soviética llevó adelante un proceso de transformaciones sociales: la industrialización socialista, la colectivización de la agricultura, y el desarrollo científico y tecnológico que convertirían al Estado obrero, pese a su burocratización, en la segunda potencia mundial. “La industria de la URSS produce ahora tanto como todos los países de Europa Occidental juntos, o la quinta parte de la producción mundial”, señala Boris Krotkov en su trabajo sobre el XXVII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Ese desarrollo industrial se había alcanzado mediante el desarrollo extensivo de la economía, vale decir, incorporando a la producción social, ante todo a la industrial, nuevas fuerzas productivas, tanto humanas como materiales. Pero hacia los años 70 ya se visualizaba que el desarrollo extensivo estaba agotado y que se debía pasar a la modalidad del desarrollo intensivo, vale decir, al incremento de la productividad social del trabajo por cada productor directo (obrero y campesino koljosiano) y unidad productiva (empresas y koljoses). Ello no se podía alcanzar si no se desarrollaba el interés de cada productor directo por los resultados de su producción. De allí, las reformas conocidas con el nombre de “perestroika” (reestructuración) y “glasnot” (transparencia informativa), impulsadas por Mijail Gorbachov.  

Ahora bien, para entonces ya se habían divorciado las relaciones entre la clase obrera y el partido y el Estado. Mientras las reformas intentaban que cada empresa funcionase sobre la base de la autogestión financiera, se vigorizasen las relaciones mercantiles y dinerarias entre las empresas y los koljoses y se afirmase el principio de la distribución del producto social de acuerdo al trabajo realizado por cada uno, los intereses de las distintas facciones de la burocracia y la apatía de la clase obrera fueron minando a un Estado ya carcomido desde la época staliniana.

Con el eje puesto en el aspecto de la disciplina laboral, así ve el cuadro el ya citado Krotkov: “Decenas de millones de trabajadores soviéticos dan muestras de trabajo abnegado, de actitud realmente seria hacia el trabajo. Pero hay otros que no cumplen su deber, malgastan el tiempo laboral, trabajan de mala gana. (….) es obvio que cualquier plan, cualquier meta no pasarán de los buenos deseos si no son respaldados por la actitud honesta y diligente de cada persona en su trabajo. Se ha hecho bastante en cambiar la situación en sentido positivo. Y ya se notan los avances. No obstante, por el momento, no se ha logrado acabar con los vagos y ausentistas, chapuceros y burócratas”. La vagancia y el ausentismo, el resquebrajamiento de la disciplina laboral, eran el resultado de una realidad social donde la clase obrera había sido expropiada por la burocracia.

Decíamos más arriba que el volumen de la producción industrial soviética era superior al conjunto de lo producido por los países capitalistas del Occidente europeo, pero, como la Unión Soviética había tenido la necesidad de industrializarse y defenderse, la prioridad estuvo puesta en la producción de máquinas y armamentos, rezagando la de bienes de consumo personal, que son aquellos que se relacionan directamente con las condiciones de vida y bienestar del conjunto de la sociedad. Para colmo, entre los privilegios de que se rodeó la burocracia, figuraba el de las tiendas especiales, donde solo los burócratas del partido podían abastecerse.

Al mismo tiempo, continúa advirtiendo Krotkov, “el XXVII Congreso decidió que el grupo de sectores de la industria productora de bienes de consumo (los economistas soviéticos la denominan grupo B) debía desarrollarse a un ritmo más rápido que los sectores productores de medios de producción (grupo A). Esta decisión muestra un carácter esencial. Antes, la industria del llamado grupo A siempre aventajaba en la URSS a la industria del grupo B”. No era un proyecto novedoso, ya con Kruschev y Brezhnev se había intentado expandir la producción de bienes de consumo, pero el ritmo de crecimiento de estas industrias siempre se rezagaba y ello en parte se debía a las necesidades de la defensa frente a los Estados Unidos. Pero no era simplemente un “problema productivo” o un “problema tecnológico”; verlo así sería caer en el tecnocratismo. Era un problema social y político, porque frente a la escasez de bienes de consumo se había desarrollado un mercado negro alentado por facciones de la propia burocracia.

Según la socióloga rusa Tatiana Ivánovna Zaslávskaya, “esto se debió al desarrollo de la llamada ‘economía sumergida’, o sea, la existencia de grupos bastante amplios, cuyos ingresos no corresponden al trabajo invertido [en la economía legal]”. Zaslávskaya acota: “Era gente que manejaba esa ‘economía sumergida’, especuladores de toda laya, la parte corrupta del aparato estatal y del partido”. En efecto, en una economía industrial estatizada no podía haber mercado negro a menos que la corrupción de los burócratas hubiese llegado al punto de socavar a su propio Estado vendiendo por fuera del mercado oficial la producción de bienes que escaseaban.

Más grave era el problema político. Desde la burocratización, los soviets habían dejado de ser organizaciones políticas de la clase obrera, se habían divorciado de las masas y eran el instrumento de control de la burocracia. La constitución staliniana de 1936 acentuó la separación  de los soviets respecto de los obreros al cambiar el principio de la producción (elección de los diputados en las unidades productivas) por el principio de la territorialidad (elección de los diputados en los distritos organizados por el lugar de residencia). Se retrotraía la democracia obrera a un principio de la democracia burguesa.

Decíamos que la perestroika se había propuesto una restructuración, no solo económica sino también política; pero en ningún momento se propuso retornar a la democracia obrera de los primeros años de la revolución, sino que encaró la reforma política en base a ideas y principios de la democracia burguesa. Recuerda Gorbachov que, en el año 1987, la 19º Conferencia del PCUS consideró necesario llevar a cabo “una campaña de revisión y elección en las organizaciones del partido, actuando a partir de las decisiones de la conferencia sobre la reforma del sistema político y sobre la democratización de la vida del partido”. La citada conferencia aprobó las propuestas para la reforma del sistema político enunciadas en el informe presentado por Gorbachov y consideró “necesario avanzar aún más y asegurar la ilimitada nominación de candidatos, su discusión amplia y libre, el listado de más candidatos en las boletas que cargos a ser ocupados, estricto cumplimiento de los procedimientos electorales democráticos, informes regulares de los diputados acerca de su trabajo y un verdadero mecanismo para su reelección”.

El problema del Estado soviético no se podía resolver con pluralidad de candidatos. O se retornaba a la democracia soviética originaria o el conjunto del sistema político caía en la perspectiva de la democracia burguesa. Y es esta perspectiva, que revela la desorientación política de la burocracia “reformista” y la derrota del proletariado, lo que explica la desintegración del país de los soviets, a medida que los sectores abiertamente restauracionistas del capitalismo cobraron dinamismo en el seno de la burocracia partidaria y estatal. Más aún, la deformación burocrática del Estado soviético hizo que el régimen político retrogradase a una situación previa a la democracia burguesa, y que así la reivindicación de las libertades burguesas fuese un “fermento revolucionario” contra el Estado obrero burocratizado.

“Al afirmar y difundir la glasnot en el partido, el gobierno, y los asuntos públicos así como en los medios de comunicación, el partido y la sociedad soviética han puesto en marcha un poderoso potencial y vastos recursos del sistema socialista. Sin glasnot no hay perestroika ni democracia. La glasnot es el clima natural para la vida y el progreso del socialismo humano y democrático”, decía Gorvachov. Estas palabras revelan hasta qué punto el PCUS estaba ideológicamente vaciado de contenido. No se percibe el carácter de clase de la democracia, las libertades y los derechos. Pero dijimos que la degeneración burocrática del Estado soviético colocó su sistema político en una situación retrógrada respecto de la democracia burguesa. Y así la reivindicación de las libertades burguesas era revolucionaria frente al poder de la burocracia. No hubo en la Unión Soviética una revolución política que le permitiese recuperar para el proletariado el poder de los soviets, pero sí hubo una inmensa revolución social anticomunista que dio libertades y derechos burgueses al pueblo ruso y que, a un mismo tiempo, dio lugar a una contrarrevolución internacional que nos indica la derrota político-ideológica de la clase obrera mundial.

Fuentes consultadas

AA.VV. Realismo en las valoraciones y en los hechos. La Revolución de Octubre y la Perestroika, Moscú, Agencia de prensa Novosti, 1988.

Gorbachov, Mijail. Algo más sobre la Perestroika. Últimas proposiciones del líder soviético, Buenos Aires, Emecé Editores, 1988.

Krotkov, Boris. Qué debatió y decidió el XXVII Congreso del PCUS, Moscú, Agencia de prensa Novosti, 1986.      

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