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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 5 de diciembre de  2022
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John Locke: origen del liberalismo político

John Locke: origen del liberalismo político

Hoy se cumplen 390 años del nacimiento en Wrington (Reino Unido) de John Locke, filósofo cuyas ideas liberales lo condujeron a oponerse a la monarquía absolutista de Inglaterra. El fallecimiento de este influyente pensador se produjo el 28 de octubre de 1704 en High Laver.

En el siglo XVII, la burguesía inglesa protagonizó su revolución democrática y con ella se inició una nueva época en la historia de la humanidad. Con la revolución inglesa comenzaron los tiempos modernos. A diferencia de la medievalidad, donde predominaba el régimen feudal, en la modernidad adquirió dominio el sistema capitalista. Este se estableció, en primer término, en Holanda e Inglaterra, pero en los siglos XVII y XVIII, todavía en el Occidente europeo, países como Francia, Austria y Prusia, conservaban el feudalismo; para no hablar ya de Rusia y el Oriente europeo, donde este sistema pervivió en algunas de sus formas hasta principios del siglo XX.

Con John Locke asistimos al desarrollo de ideas filosóficas y políticas acerca del individuo y la sociedad que dieron origen al liberalismo en política. Para Locke la revolución inglesa en curso se sustentaba en el derecho natural. La acción y la voluntad trascendente de Dios eran sustituidas por el orden inherente a la naturaleza humana. El derecho natural era no solo el único posible sino, más aún, el único concebible.

Hay derechos que son propios de la condición humana, que se derivan de la naturaleza del hombre, de lo que es específicamente humano. Así, como veremos, la propiedad privada y la libertad del individuo se fundamentan, para Locke, en la dimensión natural del hombre. Locke considera al “estado de naturaleza” que precede al “estado de sociedad” como un estado de paz, y al contrato social, vale decir, el pacto que da origen a la sociedad, como una convención que fundamenta la libertad y propiedad del individuo.

En el “estado de naturaleza”, donde no existe aún la sociedad civil, los hombres son libres e iguales. Cada uno tiene consigo la luz de la razón que le permite discernir la ley natural y comportarse de acuerdo a ella. No hay ni sociedad ni poder político. Solo existe el derecho de propiedad. Mientras que Tomas Hobbes consideraba que en el “estado de naturaleza” se desarrollaba un “estado de guerra de todos contra todos”, Locke, que tenía una visión más optimista, pensaba que “el estado de naturaleza era un estado de paz, de buena voluntad, de asistencia mutua y de conservación”. Sin embargo, en esa situación, si se quiere hasta edénica, se produce una ruptura cuando no son sancionadas las violaciones al “derecho natural”, ya que solo anárquicamente, ante la ausencia de un poder político, podían ser combatidas las violaciones al derecho. Como en el “estado de naturaleza” solo era posible la “justicia privada”, las lesiones que sufría un individuo al ser afectada su propiedad solo podían ser reparadas por los parientes o amigos de la víctima. Pero ello generaba cierta inseguridad. Entonces, para liberarse de ella, para ser libres y propietarios, los hombres fundaron una sociedad política, un Estado. Cada hombre renuncia a una parte de su poder, vale decir, a su derecho a ejecutar la ley natural, para transferir al Estado y a la sociedad la función de garantizar a cada individuo la salvaguarda de sus libertades y derechos: ante todo, el derecho de propiedad. Al producirse la renuncia de cada hombre a la potestad para reprimir la violación de sus derechos naturales, al transferirse a la sociedad política esa función, estamos entonces en presencia de un Estado que garantiza la libertad y propiedad de cada ciudadano.

Por haber nacido de un pacto social, el poder político no va más allá de lo necesario para garantizar los fines de la sociedad. Así, los hombres constituidos ahora en ciudadanos entraron en sociedad para asegurar el bienestar de cada uno, para conservar sus bienes, vale decir, su propiedad, y ello es garantizado por el poder coercitivo del Estado, que es independiente y autónomo respecto de cada ciudadano en particular. El Estado está colocado por encima de cada individuo, pero está fuertemente limitado, porque su única función consiste en ser el garante de un orden social, de una sociedad civil donde cada individuo tiene una amplísima gama de derechos y libertades cimentados en la libre iniciativa de cada uno.

La sociedad política reduce pero no aniquila las libertades y propiedades existentes en el “estado de naturaleza”. Las reduce, porque cada individuo ya no tendrá librada a su acción o a la de sus parientes y amigos la posibilidad de asegurar su propiedad, pero, a un mismo tiempo, el Estado no aniquila las libertades y propiedades, porque su única función consiste en ser el garante de un orden cuyo único fin es garantizar la propiedad y libertad de cada uno. Tenemos entonces una sociedad política limitada, restringida a custodiar el orden, y una sociedad civil extraordinariamente amplia, con vastos derechos y libertades.

Locke sentó las bases de las instituciones liberales en Inglaterra. En sus obras encontramos el esbozo de una monarquía limitada y asimismo el que corresponde al régimen parlamentario; incluso el régimen presidencialista de los Estados Unidos de América encuentra en las teorías de Locke su fundamentación. ¿De qué manera la sociedad política asegura la libertad? En primer lugar, con la separación de poderes: esto es lo más importante. Desde la Antigüedad, los filósofos que reflexionaron sobre la naturaleza del Estado advirtieron que el poder tenía diversas maneras de expresarse. Así, Aristóteles, en La Constitución de Atenas, distingue tres formas: la deliberación, el poder y la justicia. Asimismo, Locke ve tres campos de acción: el de la elaboración de la ley, el de la aplicación de la ley (ejecutivo y justicia) y el de las relaciones internacionales o federativo. Precisamente, Locke ve en el área de las relaciones internacionales una amenaza al régimen liberal. Es como si en el orden interno se hubiese alcanzado a organizar una sociedad política o Estado capaz de asegurar las libertades del individuo, mientras que el orden internacional parecería encontrarnos todavía en “un original estado de naturaleza”, pero aquí visto en la perspectiva de Tomas Hobbes: un estado de guerra o de amenaza de guerra.

Con su teoría, Locke fundó el liberalismo político y vinculó su filosofía política general a la revolución inglesa. Esta ya no es considerada un accidente histórico, sino que adquiere la dimensión de un acontecimiento de ascendencia intelectual que desarrolla valores universalmente válidos. De allí que las tres grandes revoluciones de los siglos XVII y XVIII, la inglesa, la  estadounidense y la francesa, tuvieron por origen teórico las doctrinas del derecho natural. Y en este sentido la intervención decisiva de Locke fue hacer pasar el derecho natural del lado de la libertad individual.

Si pensamos que la burguesía presenta a su sociedad como inherente a la naturaleza humana, podremos ver la actualidad del pensamiento de Locke. La propiedad, la libertad, entendida esta última como el desarrollo de las libres iniciativas del individuo, y hasta la razón humana encuentran en el “orden burgués”–un orden deshistorizado, porque se lo considera acorde con la naturaleza del hombre­– la plasmación de los derechos naturales del ser humano.

Fuentes consultadas

Kosminsky, E. A. (1977). Historia de la Edad Media, Buenos Aires, Cientec.

Prelot, M. (1971). Historia de las ideas políticas, Buenos Aires, La Ley.  

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Historia

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