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 5 de diciembre de  2022
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30M: hito de resistencia obrera a la dictadura

30M: hito de resistencia obrera a la dictadura

El 24 de marzo de 1976 se institucionalizó como fecha emblemática de la memoria asociada al período de la última dictadura militar. Sin embargo, hay otra fecha que vale la pena recordar también: la masiva Jornada Nacional de Protesta del 30 de marzo de 1982 organizada por la CGT de la calle Brasil, que encabezaba Saúl Ubaldini. Hoy, a cuarenta años de aquel acontecimiento, proponemos otro ejercicio de memoria.

La Jornada Nacional de Protesta contra la dictadura militar del 30 de marzo de 1982 tuvo como epicentro la Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires, pero se desarrolló también en algunas ciudades del interior. Llegó a convocar a unos 50.000 trabajadores. La represión, que fue dura e indiscriminada, detuvo a 3.000 manifestantes, entre ellos, la cúpula de la CGT.

Confluían en esta jornada un conjunto de experiencias acumuladas por el movimiento obrero argentino desde marzo de 1976, momento en que las Fuerzas Armadas habían asumido el poder instaurando una dictadura militar terrorista que asoló a la nación con su política de desaparición forzada de personas. Eran estas en su inmensa mayoría militantes obreros que desde los 60 y 70 venían acumulando fuerzas, desarrollando un sindicalismo clasista enfrentado no solo contra las patronales y el Estado, sino también contra la burocracia sindical, una de cuyas fracciones aparecía ahora convocando a una protesta nacional.

La resistencia obrera a la dictadura asumió formas distintas a aquellas otras que se habían utilizado contra el Onganiato*. Es que la criminal política de las desapariciones, seguidas por el asesinato de los militantes obreros, puso a la clase ante una situación inédita por la magnitud de la represión. En el mismo marzo de 1976, la clase obrera, que venía de sufrir una gran derrota, inicia su resistencia con las manifestaciones de los trabajadores metalúrgicos. La represión con desapariciones, detenciones, asesinatos y ocupación de las fábricas por parte del ejército revelaba que la nueva dictadura estaba dispuesta a recurrir a los métodos más brutales para imponer en el país una política y una economía que sustentasen los intereses de la gran burguesía terrateniente y financiera, y así derrotar estratégicamente al movimiento obrero.

A las huelgas de los metalúrgicos, les siguieron las de los trabajadores de las empresas automotrices entre julio y septiembre de 1976, la de portuarios en noviembre de 1976 y las de los obreros del sindicato Luz y Fuerza. Fueron estos trabajadores los que desarrollaron entre octubre de 1976 y marzo de 1977 nuevas modalidades de lucha, dada la ofensiva de la dictadura y el fracaso de las formas más abiertas de resistencia. Desde octubre de 1976 estos obreros lucifuercistas iniciaron una huelga de brazos caídos en protesta por el despido de 208 trabajadores en virtud de la aplicación de la Ley de Prescindibilidad y el incumplimiento del Convenio Colectivo de Trabajo. La lucha incluyó paros, abandono de tareas, trabajo a desgano y una considerable serie de apagones en diversas zonas del país. La dictadura respondió con más represión, amenazando con recurrir a la fuerza armada para movilizar a los trabajadores a las fábricas y acompañando esta amenaza con detenciones, secuestros y torturas. Los trabajadores de Luz y Fuerza consiguieron el paro solidario de los obreros de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), que el 8 de octubre de 1976 lograron enmudecer un total de 38.000 teléfonos en Buenos Aires.

En febrero de 1977 y ante una resistencia que se prolongaba, la dictadura hizo desaparecer a Oscar Smith, dirigente del sindicato Luz y Fuerza de la Capital Federal. La represión de estas huelgas iniciales hizo de 1977, salvo excepciones, un año con “trabajo a tristeza” y sabotajes. No se registraron en ese momento movimientos de resistencia más abiertos. En el mes de octubre se produce una huelga ferroviaria, que fue la más clara expresión de un conflicto no solo económico sino también político, dado el proyecto de privatización del sistema de ferrocarriles.

Más tarde, el 8 de marzo de 1979, nos encontramos con la primera toma de una fábrica por los trabajadores desde 1976. Fueron los obreros de la empresa de aceros Ohler quienes protagonizaron esta lucha. Así tenemos que en 1979 el movimiento obrero comienza a recuperar formas tradicionales de lucha, como tomas de fábricas, huelgas por tiempo indeterminado, movilizaciones como la de los obreros de la empresa Swift o la de los trabajadores de la ciudad de Tucumán. La utilización de estas formas de lucha revela que ya hacia ese año hallamos una recuperación de los trabajadores, que se ha acumulado experiencia y que se está en condiciones de superar el impasse de 1977 y 1978.

El 27 de abril de 1979 se realiza la Primera Jornada Nacional de Protesta llamada por una fracción de la burocracia sindical; se estima que la huelga convocada tuvo una adhesión del 40%. Hacia fines de 1980 hay nuevas tomas de fábricas. Se trata de los establecimientos Deutz, La Cantábrica, Sevel y Merex. En Tucumán hay huelgas de los obreros de Tafí Viejo y del ingenio Ñuñorco. Para 1981, en los ámbitos del trabajo había cada vez una mayor agitación y, como parte de las nuevas formas de lucha, pero también como expresión de la alianza entre la CGT y un sector de la Iglesia Católica, se realiza una marcha a San Cayetano por “Pan, Paz y Trabajo”. Todos estos conflictos fueron creando las condiciones más propicias para la Jornada Nacional de Protesta del 30 de marzo de 1982.

“Paz, Pan, Trabajo”, “Luche y se van” fueron las consignas convocantes de la jornada. Buenos Aires amaneció con un fuerte operativo policial y militar dispuesto para reprimir a los trabajadores. Carros de asalto, hidrantes, la Policía Federal montada, militares en traje de fajina; todo revelaba lo que iba a ocurrir cuando los trabajadores quisiesen alcanzar la Plaza de Mayo.

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Fueron tres las horas de enfrentamientos. Mientras los manifestantes coreaban “se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar”, las fuerzas del régimen reprimían. Hubo represión en distintas zonas: Tribunales, Paseo Colón, Puente Pueyrredón y diversas calles del centro. El saldo de la jornada marcó 2.000 heridos, 3.000 detenidos, incluidos el secretario general de la CGT de la calle Brasil, Saúl Ubaldini, y cinco integrantes de la Comisión Directiva, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel e integrantes de las Madres de Plaza de Mayo.

La jornada también tuvo eco en Rosario, Neuquén, Tucumán, Mar del Plata, Mendoza... En esta ciudad se produjo una de las mayores represiones: cuando la columna de trabajadores quiso alcanzar las inmediaciones de la Casa de Gobierno de la provincia, resultó muerto José Benedicto Ortiz, secretario general de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA). En Rosario, unas 2.000 personas se movilizaron por el centro de la ciudad rodeadas de un fuerte operativo policial. En Córdoba, la ciudad que supo en otra circunstancia protagonizar una de las luchas más relevantes del movimiento obrero argentino, a saber, el Cordobazo, vio sus calles ocupadas por el III Cuerpo de Ejército que las patrullaba con efectivos de hasta siete vehículos militares. En Mar del Plata, fueron numerosos los heridos causados por la represión.

La dictadura que en 1976 había prohibido las comisiones internas, intervenido la CGT, ilegalizado a las 62 Organizaciones y suspendido el derecho de huelga, que se había propuesto destruir la sindicalización de los trabajadores con la proscripción de las organizaciones de 2º y 3º grado, romper los vínculos entre el sindicalismo y el peronismo, privar a los sindicatos de las obras sociales y, por sobre todo, erradicar el clasismo de los sesenta y setenta, se encontraba ahora, en 1982, con trabajadores que le hacían frente en las calles de diversas ciudades del país. Tres días después del 30 de marzo, el 2 de abril, las Fuerzas Armadas desembarcaban en Malvinas y se iniciaba así un proceso que conduciría al fin de la dictadura y las elecciones de 1983.

*Onganiato: Período histórico que incluye los gobiernos dictatoriales de Juan Carlos Onganía, Roberto Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse, y que se extiende desde 1966 a 1973.

Fuente consultada

Pozzi, Pablo. Oposición obrera a la dictadura, Buenos Aires, Contrapunto, 1988.  

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