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 24 de abril de  2018
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El Che y la revolución

El Che y la revolución

El 9 de octubre de 1967 era ejecutado en una escuela del poblado de La Higuera, en Bolivia, Ernesto “Che” Guevara. El ejército boliviano, cumpliendo órdenes de la CIA, mataba al guerrillero heroico. A cincuenta años del dramático suceso, recordamos su figura.

Antonio Arguedas, su victimario, narró así los últimos minutos del Che: “Yo no me atrevía a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se me echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. ‘Póngase sereno –me dijo– ¡y apunte bien! ¡Va usted a matar a un hombre!’. Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón. Ya estaba muerto”.

¿Quién era Ernesto Guevara? ¿Quién era este hombre que caía en Bolivia luchando por la libertad de los pueblos latinoamericanos? Había nacido en 1928, en Rosario, provincia de Santa Fe. Era hijo de Ernesto Guevara Lynch y de Celia de la Serna. Desde niño padeció de asma; estudió medicina y antes de recibirse de médico había realizado ya, en una bicicleta dotada de un pequeño motor, un viaje por el noroeste argentino y, en motocicleta, un viaje por parte de los países americanos. Había leído trabajos marxistas y en su segundo viaje por América latina forjó su decisión de luchar por la libertad de los pueblos de esta América.

En Bolivia estuvo poco después del triunfo de la revolución de 1952, que llevó al poder al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Vio las manifestaciones de los mineros armados y advirtió las contradicciones entre la dirección burguesa de la revolución y las poblaciones indígenas. En Perú, cuando estuvo en Machu Pichu, advirtió la relevancia del Imperio Incaico y la importancia de comprender la América profunda, campesina e indígena, para llevar adelante un proceso de cambios revolucionarios. En Venezuela, al igual que en otros países del continente, asistió a un leprosario y conoció las limitaciones de una medicina social en el contexto de la sociedad burguesa. En Guatemala, donde estuvo durante el gobierno de Jacobo Arbenz, comprendió la necesidad de armar al pueblo en lucha contra los terratenientes y el imperialismo. Precisamente por negarse a entregar armas a los trabajadores, Jacobo Arbenz fue derrotado por la CIA y el ejército.

En México se incorporó al Movimiento 26 de Julio, organizado por Fidel Castro para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba y desarrollar una revolución. Como médico y combatiente, fue partícipe del desembarco del Granma en 1956, uno de los episodios medulares de la revolución cubana. Fue uno de los pocos sobrevivientes de aquella gesta, alcanzó con Fidel, Raúl y otros la Sierra Maestra y se convirtió en el ejemplo de un guerrillero. Fidel lo ascendió a comandante y le encomendó en 1958 la toma de Santa Clara, en la provincia de las Villas, dividiendo así a las fuerzas de Batista. Con el triunfo de la revolución en 1959, el Che ocupó cargos en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria, en el Banco Nacional y en el Ministerio de Industrias, y desempeñó también misiones diplomáticas e internacionalistas. Con la revolución cubana, el socialismo se hizo una realidad en América latina.

La revolución había concebido a la reforma agraria como el centro de una política que no solo liberaba a los campesinos y obreros agrícolas de la explotación, sino también como un instrumento para dinamizar el mercado interno y desarrollar la industrialización. El Che se convirtió en uno de los más firmes sostenedores del fomento de las industrias. Pero ¿cómo industrializar Cuba? Tres eran las posibilidades. En primer lugar, desarrollar relaciones económicas con Europa Occidental; sin embargo, Cuba, país monoproductor (de azúcar) dependiente de un monomercado (Estados Unidos), no tenía productos con los cuales poder sostener un intercambio con los países del Occidente europeo. En segundo lugar, privilegiar las relaciones económicas con la Unión Soviética [URSS, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas] y los países de la comunidad socialista. El Che fue tomando distancia, tanto económica como política, respecto de la Unión Soviética. No compartía los principios de su economía: la perdurabilidad de la mercancía como célula económica de la sociedad, la rentabilidad de las empresas y de la autogestión financiera, los estímulos materiales a la producción. A todo ello, el Che oponía la conciencia revolucionaria, los estímulos morales y el trabajo voluntario. Las relaciones entre los países socialistas no podían basarse en la ley del valor, so pena de convertirse aquellos en copartícipes de la explotación del Tercer Mundo. Y por último, la tercera opción era desarrollar prioritariamente las relaciones con los países del Tercer Mundo y el Movimiento de los No Alineados, en particular con aquellos de orientación colectivista. El problema de esta política consistía en que estos estados no estaban industrializados y, por consiguiente, no estaban en condiciones de aportar máquinas, herramientas y equipos a la economía cubana.

Al distanciamiento económico respecto de la URSS le siguieron las diferencias políticas. La política del Estado soviético de coexistencia pacífica, de emulación económica con los estados capitalistas y de proyectar batir al capitalismo en el terreno de la producción fue impugnada por el Che, que opuso a ella la formación de un frente revolucionario mundial. No contó con el apoyo de los soviéticos ni tampoco de los chinos. Mao pretendía que permaneciese en Cuba y que allí luchase contra la influencia soviética. Pero el Che se negó a convertirse en un peón dentro del tablero del ajedrez mundial.

El Che comprendía el drama de la revolución cubana: quedar aislada de América latina. Su proyección continental lo llevó a la experiencia guerrillera en Bolivia. En el documental Cuando pienso en el Che, Fidel Castro señala que cuando el Che se incorporó al Movimiento 26 de Julio no puso una condición, pero sí manifestó su deseo de que, el día de mañana, cuando triunfasen y él quisiese irse a realizar la revolución en la Argentina, razones de Estado no se lo prohibiesen. Y Fidel se lo prometió. También señala que alguna vez, en la sierra, lo recordó y Fidel le manifestó que no se preocupase, que ese compromiso se cumpliría.

Antes de las guerrillas en Bolivia, el periodista argentino Jorge Masetti, llevando adelante los planes del Che, intentó organizar un foco guerrillero en la provincia de Salta. Y aquí llegamos a una de las ideas centrales del Che: la del foco. La revolución cubana había demostrado que un pequeño grupo guerrillero, el ejército rebelde, podía crecer numéricamente y derrotar al ejército regular. La idea del foco se articulaba en torno a los siguientes principios: 1) la revolución se desarrollaba del campo a las ciudades; los campesinos constituían el eje vertebrador del núcleo guerrillero, y 2) podían desarrollarse acciones armadas antes de que se gestasen las condiciones objetivas de la revolución; más aún, estas condiciones podían gestarse a partir de la acción de las guerrillas, de sus combates, de su propaganda y del ejemplo de sus combatientes.

Desde su paso por Guatemala, el Che había llegado a la conclusión de que solo por medio de la violencia armada era posible derrotar al imperialismo, a los terratenientes y a las burguesías y sus brazos ejecutores, que eran los ejércitos. Su experiencia en Cuba incrementó estas convicciones. En su Mensaje a la Tricontinental, en La Habana, señaló su derrotero: “Crear dos, tres… muchos Vietnam”. El frente revolucionario mundial exigía la formación de guerrillas en todo el Tercer Mundo; consecuente con estas ideas, las llevó a la práctica en Bolivia. Se había elegido este país porque, de prender la guerrilla, dados sus límites con Argentina, Paraguay y Perú, se podía posteriormente extender a todo el cono sur de América.

En el documental antes citado, Fidel dice que no cuestiona la línea del Che, que no es el éxito o el fracaso lo que determina que una línea política sea la correcta; muchos factores inciden, incluso el azar, para determinar una derrota. El Che se convirtió en el símbolo más preciso y contundente de un revolucionario, de la lucha por el socialismo y por el hombre nuevo: un hombre con conciencia revolucionaria, trabajador y honrado, que sirve a la causa de la emancipación de los pueblos.

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