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El cabildo restaurado ya es octogenario

El cabildo restaurado ya es octogenario

Se cumplen hoy ochenta años de la inauguración del edificio restaurado del Cabildo. Dicho acontecimiento se concretó tras haber sido concluidas las obras destinadas a restaurar su valor artístico e histórico y que fijaron su aspecto actual. Desde ese entonces funciona allí el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo. 

Los cabildos eran instituciones políticas cuyo origen se remontan al reino de Castilla en el siglo XII y que se ocupaban de la administración de las ciudades o villas. Con la conquista y colonización de América, las instituciones castellanas fueron trasplantadas al nuevo mundo.

Cuando Juan de Garay fundó por segunda vez Buenos Aires en 1580, nombró el primer cabildo. Luego, cada principio de año, los cabildantes salientes nombraban a los cabildantes entrantes. Consecuentemente, como institución, el Cabildo de Buenos Aires data de la fundación de la ciudad, pero como edificio tiene una historia más tardía y compleja.

En los primeros años, los cabildantes se reunían en la casa de alguno de ellos o en el Fuerte. Recién a principios del siglo XVII, en 1608, se construyó el primer cabildo en el solar que Juan de Garay le había reservado, frente a la Plaza Mayor, en las actuales calles Bolívar e Hipólito Irigoyen.

Era una construcción muy rudimentaria con paredes de tapia y techo de tejas. Los recursos para construir el edificio provenían de los derechos que pagaban las naves que arribaban al Riachuelo, así como también de los derechos pagados por las carretas que transportando leña ingresaban en la ciudad.

La construcción, en una urbe que carecía de piedra, era tan tosca que en más de una oportunidad amenazaba con derrumbarse. Por respeto a la autoridad del gobernador, dado lo rústico del edificio, en oportunidades los cabildantes se reunían en el Fuerte.

A fines del siglo XVII se proyectó un cabildo de mayor envergadura, con sala de reunión, capilla, oficinas administrativas y cárcel.

En 1725 se iniciaron las obras del cabildo, las que, con sus sucesivas mutilaciones y reconstrucciones, llegaron a la actualidad. El proyecto corresponde al arquitecto jesuita Hermano Andrés Blanqui. “El edificio –dice Cosmelli Ibáñez–, con excepción de la torre, quedó concluido en diciembre de 1751, cuando ya se había colocado el largo balcón de la fachada con su correspondiente baranda de hierro”. Era un edificio de dos plantas con arcadas formadas en total por once arcos de medio punto. La torre se terminó en 1765 y se instaló en ella un reloj público, el segundo que tuvo la ciudad, ya que el primero es el correspondiente a la torre de la Iglesia de San Ignacio. En 1861 el reloj del Cabildo fue trasladado a una de las torres de la Iglesia de Nuestra Señora de Balvanera y fue reemplazado en 1883; a partir de ese momento se perdió el rastro del reloj que fue testigo de la revolución de 1810. Asimismo en la torre del Cabildo se había colocado una campana que servía para convocar al pueblo en caso de necesidad. Esa campana había sido fundida en España y trasladada al Río de la Plata.

El cabildo, escenario de los acontecimientos de 1810, permaneció inalterable hasta la segunda mitad del siglo XIX. Un daguerrotipo de Carlos E. Pellegrini, realizado en 1852, permite ver algunas diferencias respecto del Cabildo de 1810. Así, por ejemplo, el balcón se había reducido a los tres arcos centrales y la cúpula de la torre era cónica y no semiesférica.

Pero sus grandes transformaciones se inician en 1879. Por entonces era la sede de los Tribunales y en la arquitectura dominaba el estilo italianizante. Pedro Benoit fue el encargado de las reformas. La más importante es la que afectó a la torre. A ella se le agregó un cuerpo, mientras se le modificaba el estilo de la fachada para ponerlo a tono con el renacimiento italiano.

En 1889, con la apertura de la Avenida de Mayo, se le sacaron al Cabildo tres arcos del lado norte y se le demolió la torre por problemas de sustentación. De manera tal que para el Centenario los porteños tuvieron un Cabildo con ocho arcos y sin torre. En 1931, al abrirse la Diagonal Julio A. Roca, se le demolieron tres arcos más, esta vez del lado sur. Poco faltó para que la demolición fuese total.

En 1933 se lo declaró Monumento Histórico Nacional y en 1939 se dispuso su reconstrucción y restauración. De ello se encargó una comisión oficial presidida por Ricardo Levene e integrada, entre otros, por el arquitecto Mario Buschiazzo. Según Cosmelli Ibáñez, este último “dibujó los planos que respetaron la tradicional fisonomía del edificio”. Para reconstruir la fachada se hizo una compulsa total de documentos, aunque forzosamente el edificio quedó con cinco tramos de arquería, de los once primitivos. Fue construida una nueva torre, idéntica a la original, pero algo más baja –unos dos metros– pues así lo exigía la proporción del conjunto. Los azulejos de la cúpula se fabricaron a imitación de los que figuraban en la Catedral, y las tejas fueron trabajadas a mano, según modelos del período hispánico. La gran puerta de entrada reproduce la que se halla en la Iglesia de Santo Domingo, la cual es considerada un modelo en su género. Todos los trabajos se hicieron sobre la base de un profundo respeto por el pasado, al extremo de que, cuando fue posible, se aprovecharon hasta las viejas vigas de madera.

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