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 19 de agosto de  2018
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Dimensión de Juan Bautista Ambrosetti

Dimensión de Juan Bautista Ambrosetti

En el centenario de su fallecimiento, ocurrido el 28 de mayo de 1917, recordamos a Juan Bautista Ambrosetti, pionero de los estudios antropológicos en la Argentina. En pleno casco histórico de la ciudad se halla el museo etnográfico que lleva su nombre.

La antropología como ciencia del hombre tiene sus orígenes en la Europa de mediados del siglo XIX. Existía ya una ciencia como la historia, que se ocupaba del análisis de los acontecimientos humanos; pero la historia se especializó en reconstruir el pasado del hombre a partir de testimonios escritos. Como resultado de ello quedaron fuera de los estudios históricos las sociedades que carecían de escritura; la antropología abordaría la investigación de las sociedades ágrafas, tanto hacia el pasado, por medio de la arqueología, como en el presente, por medio de la etnografía. Los estudios de las sociedades contemporáneas sin escritura adquirieron relevancia en el contexto de la expansión imperialista de las potencias europeas hacia áreas del mundo como África y Asia, donde existían diversas sociedades ágrafas. En cierta medida, la antropología suministraría conocimientos de estas formaciones sociales para que sobre ellas pudiesen ejercerse diversas formas de dominación.

En la Argentina, los orígenes de los estudios antropológicos se remontan a los últimos decenios del siglo XIX: transcurren casi sincrónicamente con las conquistas del Desierto y del Chaco, dos zonas de indígenas no reducidos, vale decir que no habían sido incorporados al ámbito de la dominación hispánica primero y de la criolla después, en un proceso donde el Estado nacional definía sus fronteras geográficas.

“La Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires –dice Abad de Santillán– fundó en 1904, por iniciativa de Norberto Piñero, el Museo Etnográfico, cuya dirección y organización fueron encomendadas a Juan B. Ambrosetti, que había realizado una labor meritoria como arqueólogo, etnólogo y antropólogo. Holmberg estimuló a Ambrosetti la afición a las ciencias naturales; luego [Ambrosetti] trabajó con Pedro Scalabrini en Paraná y se ocupó de zoología y paleontología; nuevamente en Buenos Aires, Ameghino lo nombró jefe de la sección arqueológica del Museo de Ciencias Naturales, pero la falta de local y de recursos lo hizo buscar otro campo de acción”.

Tal como señala Diego Ruíz, la fundación del Museo Etnográfico fue de fundamental importancia por cuanto representaba comprender a las sociedades ágrafas no como parte de la naturaleza, y por ende en el ámbito de las ciencias naturales, sino como parte de la historia, y por ende en el ámbito de las ciencias sociales.

Ya Marx y Engels habían señalado que la historia, el movimiento social, era cualitativamente distinto del movimiento de la naturaleza; se configuraban un conjunto de sociedades, con leyes propias y específicas, distintas de las que corresponden al mundo de la naturaleza. Los hombres de las sociedades ágrafas eran seres sociales y no meramente naturales. Ambrosetti se había iniciado en el estudio de las ciencias naturales, pero progresivamente fue delimitando su objeto y centrándose en el mundo humano en distintas perspectivas: en el estudio de las culturas ágrafas del pasado, valiéndose para ello de la arqueología; abordando el análisis de las sociedades indígenas del presente por medio de la etnografía; y en la investigación de lo que podemos denominar “cultura folk”, mediante el análisis de mitos, leyendas y tradiciones. Tan relevante fue su trabajo que en 1960 un Congreso Internacional de Folklore, reunido en Buenos Aires, lo nombró “Padre de la Ciencia Folklórica Argentina”.

Por su parte, Andrea Pegoraro dice: “La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires creó el Museo Etnográfico en el año 1904 como un gabinete de investigación, enseñanza y difusión de la prehistoria y la etnografía americana. Este sería un ámbito destinado a la formación de profesionales en el trabajo de campo y de gabinete, constituyéndose en este último actividades que involucraron a personal técnico, investigadores y estudiantes para las tareas de catalogación, restauración y el arreglo de las colecciones en secciones de estudio e investigación”.

Al referirse a las actividades del Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, agrega: “Bajo el punto de vista arqueológico y etnográfico, debía desarrollarse en el territorio argentino un plan sistemático de expediciones que tuvieran por objeto no solo reunir colecciones para el nuevo museo, sino datos exactos de los yacimientos de las piezas y todos los materiales posibles destinados a publicarse en monografías sucesivas que ilustrasen esas colecciones y que ya iniciaron, por decirlo así, el estudio sistemático de las culturas prehistóricas de la República Argentina”. Debemos tener en cuenta que el arqueólogo, al realizar las excavaciones de los yacimientos que encuentra e investiga, destruye las relaciones intertestimoniales presentes en aquellos; los yacimientos son una especie de libro que, en su estado originario, solo puede ser leído una vez; por ende, si no se registra con precisión la situación en la cual fueron encontrados los testimonios materiales, la relación intertestimonial se pierde irremediablemente y con ello la posibilidad de un conocimiento científico de ese pasado. En cierta medida, lo mismo cabe decir en relación con la recogida y clasificación de los datos etnográficos; o, para expresarnos con otros términos, el etnógrafo, al observar y recoger los objetos, mitos, leyendas, costumbres, rituales de las sociedades ágrafas, “debe incluir el nombre del objeto en lenguaje local, su origen geográfico, su linaje y su asociación con historias y canciones”, acota Andrea Pegoraro respecto de la orientación que en los estudios etnográficos debía tenerse en cuenta.

Entre los estudios arqueológicos desarrollados por Ambrosetti debemos indicar que descubrió los menhires de Tafí del Valle (Tucumán) y sobre todo el Pucará de Tilcara (Jujuy). “Empezó la faena, abrumadora, implacable, tenaz. Bajo su dirección, los peones indígenas arrasaron malezales, limpiaron el suelo cubierto por sedimentos de siglos. Pero nada. No aparecía nada, absolutamente nada. (…) Valía más abandonar y regresar. Allí no había nada. Mas, Ambrosetti por algo era explorador. (…) Decidió continuar. Prosiguió. Una tarde, cuando más abrumador era el calor y el bochorno tropical todo lo agobiaba, desde el fondo de la quebrada, los del campamento vieron descender al sabio. Bajaba presuroso, atropelladamente, acuciando a su mula baya. El tiempo le era poco, las palabras inarticulables: ‘¡Pronto! ¡Pronto! ¡La hemos descubierto!’”, anota Danero. Así descubrió la fortaleza indígena que en la Quebrada de Humahuaca es expresión de la arquitectura, en gran parte defensiva, de los pueblos del noroeste argentino.

El nombre de Juan Bautista Ambrosetti está ineludiblemente asociado al Museo Etnográfico. “La actividad de Ambrosetti, en cuanto a la incorporación de piezas valiosas al que, en cierto modo, era ‘su’ museo, solo es comparable con el celo de dos argentinos a quienes mucho debe el país: don Adolfo Carranza, el creador del Museo Histórico Nacional, y el doctor Enrique Udaondo, que, casi con su esfuerzo y peculio privado, levantó el Histórico de Luján. En esto, Ambrosetti, como ambos, sabía que lo mejor era el ejemplo”: por eso donó sus colecciones al museo que, gracias a su impulso, fundó la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Fuentes consultadas

Abad de Santillán, D. Historia Argentina, Tomo 3, Buenos Aires,Tipográfica Editora Argentina, 1965.

Danero, E. M. S. “Así era Ambrosetti”, en Ambrosetti, Juan B. Supersticiones y leyendas, Santa Fe, Librería y Editorial Castellvi, 1953.

Pegoraro, A. “Instrucciones y Colecciones en Viaje. Redes de Recolección entre el Museo Etnográfico y los Territorios Nacionales”, en Anuario de Estudios de Antropología Social, Buenos Aires, 2005.

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