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 7 de diciembre de  2019
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Cuando el pueblo chino se puso de pie

Cuando el pueblo chino se puso de pie

Se cumplen hoy 70 años del momento en que Mao Tse Tung, presidente del Comité Central del Partido Comunista, proclamó la creación de la República Popular China. Fue el 1 de octubre de 1949, frente a la Plaza Tiananmen de Pekín, desde lo alto de la entrada del viejo Palacio Imperial.

Con el establecimiento de la República Popular China, alcanzaba su punto culminante un proceso revolucionario de larga data que se había iniciado en 1911 con el derrocamiento de la dinastía Manchú y la proclamación de la República. China, a principios del siglo XX, no era una potencia capitalista, como Inglaterra o Francia, donde una burguesía poderosa ejercía el poder en un Estado centralizado; pero tampoco era una colonia, como Indochina, donde el poder colonial también se ejercía del mismo modo. Al decir de Mao, China era una semicolonia, donde perduraba el feudalismo y dominaba el imperialismo, pero sin poder centralizado. Los “señores de la guerra”, terratenientes feudales, dominaban vastas regiones. Las concesiones territoriales a las diversas potencias imperialistas les permitían a estas dominar territorios con diversos privilegios políticos y económicos. La realidad de un país fragmentado fue generando intersticios entre las diversas esferas del poder. Esto permitió con el tiempo las emergencias de las “zonas rojas”.

A partir de 1911 los nacionalistas del Kuomintang, que representaban los intereses de una naciente, aunque débil, burguesía nacional, intentaron unir a China. Su líder fue Sun Yat Sen, quien sintetizó los objetivos de su partido en los tres principios del pueblo: nacionalismo, democracia y “bienestar del pueblo”. Con el primero se apuntaba a unir y garantizar la independencia de China; con el segundo, otorgarle a China la dimensión de una república burguesa; y con el tercero, aprestar un difuso programa “socialista”.

Cuando en 1917 triunfó la revolución rusa, el nuevo poder soviético renunció a sus territorios en China y una consecuencia del triunfo de la primera revolución proletaria fue la fundación del Partido Comunista Chino en 1921. La Internacional Comunista, pensando la revolución china como una revolución democrático-burguesa, trazó una estrategia donde los comunistas debían apoyar a los nacionalistas en la lucha por la independencia de China. Tras la muerte de Lenin, y con la anuencia de Stalin, siempre se propuso la subordinación al Kuomingtan y centrar las luchas en las ciudades (Shangai, Canton, Nankin), apoyando acciones del proletariado urbano, que era una clase numéricamente débil e incipiente.

La inmensa mayoría de la población china estaba formada por campesinos. No faltaron en la historia de China grandes guerras campesinas, pero todas finalmente fueron derrotadas. Sin embargo, en el siglo XX, la revolución china, que fue la guerra campesina más importante de su época, alcanzó el triunfo merced a la estrategia de Mao, que consistió en fortalecerse en las zonas rurales, apoyar y dirigir los alzamientos campesinos e ir desarrollando en las “zonas rojas” un conjunto de transformaciones políticas, económicas y culturales. Entre las primeras, ocupa un lugar destacado la formación de soviets como nuevo poder del Estado; entre las segundas, la expropiación de los terratenientes y distribución de la tierra entre los campesinos; y entre las terceras, la sustitución de la cultura terrateniente feudal (Confucio) por una cultura democrática y proletaria.

Pero el desarrollo de la revolución china por estos andariveles se produjo después de 1927. El dominio de la derecha del Kuomintang, encabezada por Chiang Kai-shek, y acontecimientos tan importantes como la ruptura de la alianza con los comunistas y sobre todo el fracaso de las insurrecciones proletarias en las ciudades, como la que se registró en Cantón, dejaron inerme a la estrategia de Stalin y la Internacional Comunista. Mao no ejercía en estos años la dirección del Partido Comunista, pero los fracasos de la dirección prosoviética lo dejaron como el ineludible líder de la revolución con su estrategia de guerra popular prolongada. Mientras en las ciudades se afianzaba el dominio del Kuomintang, en una zona rural, entre las provincias de Hunan y Jianxi, se constituía una “república soviética”. Chiang Kai-shek organizó “campañas de cerco y aniquilamiento” de los comunistas. En el transcurso de estas luchas, Mao desarrolló los principios militares de la guerra de guerrillas: “El enemigo avanza, nosotros retrocedemos; el enemigo acampa, nosotros asediamos; el enemigo se cansa, nosotros atacamos; el enemigo retrocede, nosotros avanzamos”.

Después de cuatro campañas fallidas, Chiang Kai-shek, en la quinta, obligó a los comunistas a abandonar sus zonas en el sur de China. Mao rompió el cerco y emprendió un acontecimiento que se conocería como la Larga Marcha, en la búsqueda de una nueva zona de asentamiento en el norte de China, abriendo paso al período del Yenan, nueva base de operaciones. Señala Diana Guerrero: “Inscripta en la historia como una de las mayores hazañas políticas y militares de todos los tiempos, la Larga Marcha (1934-1935) significó el momento de la consolidación de la estrategia de Mao Tse Tung. En este sentido fue la garante de que la revolución socialista se realizara en China”. Lo que comenzó como una desbandada se convirtió luego en una inmensa campaña propagandística para alcanzar ese objetivo. Gracias a la delimitación correcta de cuál era la clase social que podía asegurar la transformación y modernización de China, Mao y sus hombres lograron lo que los nacionalistas de Chaing Kai-shek se esforzaban vanamente por conseguir. La Larga Marcha obtuvo el resultado que las expediciones de estos últimos, en nombre de una burguesía impotente, fueron incapaces de materializar, es decir, la unidad nacional, “demostrando abiertamente que a tal unidad nacional solo se podía acceder mediante la revolución socialista”, afirma Diana Guerrero.

Mientras se desarrollaba la guerra civil, la invasión japonesa a China introdujo cambios en la estrategia revolucionaria. Mao propuso al Kuomintang una alianza para hacer frente al Japón. Sin embargo, Chiang Kai-shek fue remiso y continuó luchando contra los comunistas. La guerra civil china se introducía en una nueva etapa, la de la guerra nacional contra el Japón, y al fusionarse la guerra en Asia con la guerra en Europa, aquella inscribe sus episodios en la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota de Hitler, la Unión Soviética le declaró la guerra al Japón e intervino en China derrocando al poder japonés en Manchuria. Pero Stalin continuaba apoyando al Kuomintang.

Consumada la derrota del Japón, se dio paso a la última etapa de la guerra civil china. Mao centró el accionar del Ejército Popular de Liberación en la movilidad de las formaciones militares. Por eso cuando el Kuomintang tomó la localidad de Yenan, que había sido por más de una década la capital de la “China Roja”, no le dejaba a Chiang Kai Sheck mucho por festejar. Si hasta los años de la segunda posguerra la revolución china se había centrado en las zonas rurales, ahora llegaban los años de la toma de las grandes ciudades. Si la revolución rusa tuvo por epicentro a las grandes ciudades y se consolidó ganando al campo en la guerra civil, la revolución china tuvo por epicentro al campo y en su última etapa conquistó las ciudades. Dos estrategias distintas para dos realidades diferentes.

Si la guerra campesina pudo triunfar, a diferencia de lo que había acontecido en las guerras campesinas del pasado, tanto en Europa como en Asia, fue porque tuvo una dirección política, la de los comunistas de Mao, que le imprimieron su orientación y sus objetivos. Triunfaba la revolución democrático-burguesa en China dirigida por el Partido Comunista y ello garantizó su transformación en socialista alcanzando los objetivos de la primera.

Apunta Luis Gerovitch: “Unos días antes (del 1 de octubre de 1949), al inaugurarse la Conferencia Consultiva del Pueblo, Mao Tse Tung decía: ‘Nuestra obra quedará escrita en la historia de la humanidad y demostrará claramente que los chinos, que constituyen la cuarta parte de la humanidad, se han puesto al fin de pie… Nos hemos unido y hemos derrotado a nuestros opresores extranjeros y del interior con la guerra popular de liberación: ahora anunciamos la constitución de la República Popular China. Nuestra patria entrará desde hoy en la gran familia de las naciones amantes de la paz y de la libertad. Trabajará con todas sus fuerzas para darse un régimen de vida civil, digno de nuestro pueblo, para crear un mejor nivel de existencia para todos los chinos, para luchar por la paz y la libertad del mundo. Nuestra nación nunca más volverá a ser objeto de desprecio’. Efectivamente, algo muy importante acababa de ocurrir en la historia de la humanidad con la toma del poder por los comunistas chinos. Era el golpe más duro que recibía el sistema mundial del imperialismo después de la Revolución Rusa de 1917”.

Fuentes consultadas
Gerovitch, L. Oriente Rojo: La Revolución China, Buenos Aires, CEAL, 1991.
Gerovitch, L. Tempestad sobre el Asia: La primera revolución china, Buenos Aires, CEAL, 1973.
Guerrero, D. La Larga Marcha, Buenos Aires, CEAL,1974.
Grimm, T. Mao Zedong, Buenos Aires, La Nación, 2003.
Lynch, M. Mao, Buenos Aires, Vergara, 2009.           

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