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 23 de octubre de  2018
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"Cambiemos el mundo de base"

"Cambiemos el mundo de base"

Hoy se cumplen 170 años del nacimiento de Pierre Degeyter, autor de la música de La Internacional.

Hace tantos años que no queremos acordarnos de cuántos, asistimos a un acto en el que se cantó La Internacional. Uno de los asistentes quiso saber quiénes eran los autores y le preguntó a la que hoy llamaríamos la referente: “¿De quién es?”. En lugar de admitir que no lo sabía, la mujer contestó: “Del pueblo”.

Es verdad que, como sucede con muy pocas obras, este himno ha conseguido calar profundamente en los sentimientos e interpretar los anhelos de liberación de los pueblos, que lo hicieron propio, pero no es menos cierto que eso se logró gracias al talento y a la inspiración de dos hombres pertenecientes a la clase trabajadora que consagraron no solo su obra, sino también su vida, a la causa revolucionaria: el francés Eugène Pottier, obrero textil, y el belga Pierre Degeyter, obrero metalúrgico, autores, respectivamente, de la letra y de la música de La Internacional.        

El primero (1816-1887) escribió los versos en 1871, a poco del sangriento aplastamiento de la Comuna de París, de la que había sido miembro, y en homenaje a sus muertos. Imaginó las estrofas perseguido y camino al exilio, durante el cual fue condenado a muerte en ausencia, y las dedicó al primer presidente de la Comuna, Gustave Lefrançais.

Se cuenta que las compuso sobre la música de La Marsellesa, que lejos estaba entonces de convertirse en el himno nacional de Francia, y durante años se cantaron a los sones de la marcha de la Revolución de ese país.

Eugène Pottier murió en París el 6 de noviembre 1887, en la más extrema pobreza. Dos días después, una multitud acompañó al cortejo fúnebre hasta “el cementerio de Père Lachaise, donde están enterrados los comuneros fusilados”, escribió Lenin, quien refirió luego: “La policía provocó una sangrienta lucha para arrebatar la bandera roja. Una enorme multitud asistía al funeral cívico. Por todas partes se elevaron gritos de ‘¡Viva Pottier!’”.

Sin embargo, no llegó a conocer la música que llevaría sus versos a ser cantados en todo el mundo: recién un año después de la muerte de Pottier, el secretario de la Federación del Norte del Partido Obrero Francés y creador de la agrupación musical La Lira de los Trabajadores, con sede en Lille, Gustave Delory, quiso ampliar el repertorio y le encomendó a un obrero metalúrgico de esa ciudad y militante socialista, Pierre Degeyter, que le pusiera a los versos de Pottier una música original.

Degeyter había nacido en Gante, Bélgica, y tenía siete años cuando se trasladó con sus padres y hermanos a Lille, donde trabajó en fábricas desde niño y aprendió las primeras letras en la escuela nocturna para obreros.

Ya adolescente, inició sus estudios, también nocturnos, en la Academia de Música de esa ciudad, donde fue galardonado con el primer premio. Paralelamente, se incorporó a la Lira de los Trabajadores, para la que compuso distintas piezas que acompañaban, por lo general, versos de contenido social y político.      

Se cuenta que, exaltada su inspiración por las inflamadas palabras de Pottier, le bastaron un viejo armonio y una mañana de domingo para escribir la música de La Internacional. El 23 de  julio de 1888 la Lira de los Trabajadores interpretó por primera vez en público el nuevo himno, bajo la dirección del compositor.

Ese mismo año (algunos dicen que el siguiente) se publicó la primera edición de la partitura, en cuya portada aparecen como autores de letra y música, respectivamente, E. Pottier y Degeyter, cuyo nombre de pila se  omitió para evitar represalias de la metalúrgica Fives Cail, donde trabajaba el músico, quien de todos modos fue despedido.

El nuevo himno alcanzó gran popularidad en los sectores obreros del norte de Francia; pero recién se expandió por todo ese país a partir del XIV Congreso del POF, celebrado en Lille en junio de 1896, donde a las manifestaciones en contra de nacionalistas y clericales a los sones de La Marsellesa, se les opusieron millares de obreros cantando La Internacional. 

En 1904, la obra de Pottier y Degeyter fue declarada himno del movimiento obrero, socialista y revolucionario por el Congreso de Amsterdam de la Segunda Internacional, y en 1918, con el espaldarazo de Lenin, se consagró como himno oficial de la Unión Soviética.

Pero no todas eran satisfacciones para Degeyter, a quien la Fives Cail, no conforme con haberlo despedido, había colocado en la lista negra de trabajadores de Lille. Así, después de tratar de subsistir haciendo changas, se trasladó a Saint-Denis, una localidad cercana a París con un fuerte movimiento comunista. 

Por otra parte, en 1904, su hermano Adolphe, basándose en que en la partitura solo figuraba el apellido de ambos, reclamó para sí la autoría de La Internacional y le entabló juicio a Pierre en ese sentido.

Las versiones más insistentes coinciden en que Adolphe, que era empleado municipal de Lille, actuó instigado por Delory, el dirigente del POF que había llegado a ser el alcalde de esa ciudad y se había propuesto tomar represalias contra Pierre, que había abandonado ese partido para unirse a los comunistas; otras señalan que lo que Delory quería, en realidad, era asegurar para el POF los derechos de la obra.

Lo cierto es que en 1914 los tribunales fallaron a favor de Adolphe, pero dos años después este se suicidó y dejó una carta en la que reconocía a Pierre como único autor de la música de La Internacional y confesaba haber sufrido poderosas presiones para demandarlo. 

Finalmente, en 1922, la Corte de Apelaciones de París no solo reconoció la autoría de Pierre Degeyter, sino que ordenó que toda referencia a La Internacional fuera borrada de la tumba de su hermano.

Cinco años después, en los festejos en Moscú del décimo aniversario de la Revolución de Octubre, Pierre fue el invitado de honor de Stalin, quien le otorgó una pensión vitalicia, y se cuenta que el músico lloró cuando vio desfilar al Ejército Rojo a los sones del himno que él había creado cuarenta años atrás.

Esa pensión pasó a ser su único sustento, y con la ayuda de la Municipalidad de Saint-Denis, que le había cedido gratuitamente una vivienda, pudo vivir modestamente el resto de sus días.

Pierre Degeyter murió en Saint-Denis el 26 de septiembre de 1932. Más de cincuenta mil personas asistieron a su funeral en el cementerio comunal, donde su tumba no está señalada con una cruz, sino con una hoz y un martillo.

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