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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 22 de septiembre de  2020
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“Buenos Aires, mi tierra querida”

“Buenos Aires, mi tierra querida”

Hoy se cumplen 440 años de la segunda y definitiva fundación de nuestra gran ciudad. Ese acontecimiento y sus circunstancias, las características urbanísticas de la primitiva aldea y algunas referencias a su iconografía componen los aspectos tratados en este trabajo. 

El 11 de junio de 1580 Juan de Garay funda la ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los  Buenos Aires. Era la segunda fundación. Surge la pregunta de por qué la Buenos Aires de Pedro de Mendoza, que había sido fundada en 1536, al ser despoblada en 1541 no subsistió y la de Garay de 1580 perduró y se desarrolló.

En primer lugar, la Buenos Aires de Mendoza había sido pensada como una puerta de entrada en la búsqueda de la Sierra de la Plata y del Imperio del Rey Blanco. La ciudad de Asunción, fundada en 1537, ofrecía mejores condiciones para la búsqueda de aquella sierra y, si a esto le agregamos los enfrentamientos entre Domingo Martínez de Irala, caudillo en Asunción, y Ruiz Galán, gobernador en Buenos Aires, tendremos las razones por las cuales esta última fue despoblada en 1541. En segundo lugar, la ciudad del Plata estaba aislada respecto del interior del territorio en el que aún no estaban presentes los conquistadores ni sus ciudades. Por el contrario, la Buenos Aires de Garay nace como puerta de salida de los productos de la tierra, como necesidad de las ciudades del interior y del litoral para relacionarse y comunicarse directamente con la metrópoli a través de la navegación atlántica. El proceso que va de 1536 a 1580, con la quiebra de las ilusiones en torno a la Sierra de la Plata, la presencia de los españoles y sus ciudades en el interior mediterráneo, Cuyo y el litoral explican la necesidad de contar con una ciudad puerto en el Río de la Plata para el desenvolvimiento de sus comunicaciones y comercios.

Desde Asunción, entre el 5 y el 12 de marzo de 1580, partió la expedición que habría de fundar Buenos Aires. Dieciocho hombres lo hicieron por tierra costeando las márgenes de los ríos Paraguay y Paraná, arreando caballos, vacas y ganado menor. Juan de Garay y el resto de los expedicionarios lo hicieron por río a bordo de la Carabela San Cristóbal de la Buena Ventura y los bergantines Santo Tomás y Todos los Santos.

Buenos Aires, como ciudad indiana, desde el punto de vista urbanístico se basaría en el damero como forma de organización espacial; es decir, el espacio se dividía en manzanas cuadradas separadas por calles rectas. La zona central de la ciudad sería la Plaza Mayor, central por las funciones sociales que desempeñaba la plaza, ya que en torno a ella se reservaban los solares para que se levantaran los principales edificios públicos. El límite sur de la ciudad correspondería a la actual avenida Independencia, el límite norte a la actual calle Viamonte, el límite este a la actual barranca junto al río y el límite oeste a las actuales Salta y Libertad. Entre los solares distribuidos por el fundador, cabe mencionar los correspondientes a la Iglesia Mayor, que será catedral cuando se cree el Obispado de Buenos Aires en 1620; el cabildo, institución que expresaba el gobierno de la ciudad; el fuerte, manifestación del poder militar y símbolo de defensa de la ciudad frente a una incursión de corsarios o piratas o un ataque indígena; la casa del adelantado Juan Torre de Vera y Aragón, en cuyo nombre Garay fundó la ciudad; los solares para las órdenes de los mercedarios, franciscanos y dominicos; y también citaremos el solar que, según Marcelo Carlos Olivetti, se reservó para sí mismo: “La manzana que ocupa hoy el Banco de la Nación, limitada por las calles 25 de Mayo, Bartolomé Mitre, Reconquista y Rivadavia”.  Este solar, como todas las parcelas de la ciudad, tiene su historia, cuenta Olivetti. Y detalla: “Garay figura como dueño del primitivo solar, pero solo de la mitad sobre la plaza. Se lo adjudicó en el reparto de 1580, mientras el resto lo dividió en dos grandes cuartos, el lote del oeste para el alcalde Gonzalo Martel, y el otro, que culmina hoy en la esquina de 25 de mayo y Bartolomé Mitre, para su hijo natural Juan de Garay ‘el Mozo’, habido con una india paraguaya con la que el poderoso señor entretenía sus ocios”.

La Plaza Mayor comprendía una manzana, que es la que corresponde a la que limita con las actuales calles Defensa, Rivadavia, Bolívar e Hipólito Irigoyen. Sin embargo, la Plaza de Mayo actual consta de casi dos manzanas, ello se debió a que nunca se construyó la casa del adelantado y así quedó una Plaza Mayor de casi dos manzanas y no de una, como era tradicional. La Plaza Mayor era fundamentalmente para mercado y no contaba con arbusto o árbol alguno. Finalmente, señalemos que entre los 65 sujetos que recibieron la titularidad de un solar en el reparto de Garay, solo uno, el titular del número 15, es una mujer: se trata de Ana Díaz, asunceña.

Toda fundación de ciudades se realizaba dentro de un determinado marco ceremonial o simbólico. Había un ritual. Lo primero que hacía el fundador, en este caso Juan de Garay, era nombrar a los alcaldes y regidores del cabildo. El primer cabildo estuvo formado por los alcaldes Rodrigo Ortiz de Zárate y Don Gonzalo Martel de Guzmán (único funcionario que tenía el título nobiliario de Don); los regidores Pedro de Quirós, Diego de Olavarrieta, Antonio Bermúdez, Ruiz Gaytán, Rodrigo de Ibarrola y Alonso de Escobar; y el procurador Juan Fernández de Enciso. Luego, el fundador, conjuntamente con ellos y el resto de los vecinos, se dirigía al solar que había sido reservado para ser la Plaza Mayor de la ciudad y plantaba allí un madero o rollo denominado “árbol de la justicia” como símbolo de la justicia real. En él se fijaban las disposiciones y bandos reales, y se lo utilizaba para condenar a los reos, por eso también se lo conocía como “picota”. Plantado el “árbol de la justicia”, el fundador, con la espada desenvainada, daba y tiraba mandobles a los cuatro puntos cardinales y cortaba un grupo de hierbas del piso como símbolo de toma de posesión del lugar por el grupo conquistador. Esto se realizaba en nombre del adelantado y del rey. Todo lo señalado era asentado en un acta de fundación por un escribano real. El escribano de la fundación de la Buenos Aires de Garay fue Pedro Jerez.

Tal como señala Milcea Eliade, el ritual de fundación de ciudades desarrollado por españoles y portugueses en América tenía por finalidad incorporar al orbe cristiano, entendido como cosmos, un espacio que estaba por fuera suyo, es decir, un espacio aún no ordenado, aún no cosmologizado. Es así como los rituales de fundación implicaban la transición de un espacio del caos al cosmos.

El acto fundacional culminaba con un acto de características sacras, como la realización de una misa o la colocación de la ciudad bajo la advocación de un santo patrono. Como santo patrono de Buenos Aires, fue elegido San Martín de Tours después de haber sido sorteado en más de una oportunidad.

En el Centenario (1910), cuando se festejaban no solamente los cien años de la Revolución de Mayo, sino también los fastos de Buenos Aires que habían sido el centro de la revolución, se exaltó el rol de la ciudad y se produjeron óleos vinculados al acto fundacional. Es así como el pintor español José Moreno Carbonero, habiendo recibido el encargo de la municipalidad de Buenos Aires, pintó el óleo La fundación de Buenos Aires por Juan de Garay y el pintor argentino José Bouchet (quien había nacido en Pontevedra, España, pero de niño vino a la Argentina) pintó La primera misa en Buenos Aires.

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El de Moreno Carbonero alude a la instancia en que Juan de Garay da mandobles al viento por delante del “árbol de la justicia”. En el óleo reconocemos no solo a Juan de Garay sino también al escribano Pedro Jerez; a Pedro Quiroz, alférez real portador del estandarte real; a Fray Juan de Rivadeneyra, sacerdote franciscano que porta la cruz; a Ana Díaz, como antes señalamos, única mujer con la titularidad de un solar.

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Con La primera misa en Buenos Aires tenemos el acto sagrado del oficio religioso. En un primer plano, vemos al sacerdote celebrando frente a un altar portátil cubierto por un mantel blanco muy pulcro y con puntillas en la parte inferior; está llevando la hostia hacia el rostro, es el momento de la consagración de esta, cuando transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús; oficia de espaldas a la comunidad o grey. En un segundo plano, el Río de la Plata, a cuyas orillas es fundada Buenos Aires. Y en un tercer plano, cubierta entre nubes, la silueta de la Buenos Aires de 1910, cuando esta ya se había convertido en la principal metrópoli sudamericana. El sacrificio crístico de la misa contiene la semilla de la civitas, vale decir, de la civilización introducida por el acto fundacional.

Buenos Aires, fundada como ciudad puerto, solo pudo desempeñar limitadamente funciones portuarias durante la mayor parte de la época hispano-colonial. Sin embargo, el nombre del puerto perduró y terminó siendo el nombre de la ciudad, en lugar del original Trinidad o Santísima Trinidad, que finalmente se perdió.

Fuentes consultadas
Fitte, Ernesto. Hambres y desnudeces en la conquista del Río de la Plata. Buenos Aires, 1980.
Olivetti, Marcelo Carlos. “Aquella manzana de Garay frente a la Plaza de Mayo”, en Historias de la Ciudad. Una revista de Buenos Aires. Nº 1 septiembre de 1999.
“El rollo de la Justicia”, en Buenos Aires nos cuenta, Nº 15, abril de 1991.

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