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 17 de noviembre de  2018
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Arquitectura sublime

Arquitectura sublime

Arribamos hoy al 120º aniversario de la inauguración del edificio de La Prensa. De estilo ecléctico, ya que en su fisonomía se relacionan diversas corrientes estilísticas, es hoy sede de la Casa de la Cultura que depende del Gobierno de la Ciudad y una de las expresiones más sublimes de la arquitectura del liberalismo.

El diario La Prensa fue uno de los más importantes de la Argentina desde los últimos decenios del siglo XIX. Su director y propietario fue José Camilo Paz, quien lo fundó el 18 de octubre de 1869 y lo concibió como “destinado a tener honda gravitación en el periodismo argentino”, señala Vicente Osvaldo Cutolo. Y agrega refiriéndose a la figura de Paz: “Pudo mantener dicha empresa en medio de ingentes dificultades, imprimiéndole una clara y definida orientación. No fue un órgano de partido, de un hombre o de una empresa, sino enteramente de opinión. (…) He ahí a La Prensa y a su fundador. Este pudo afirmar, con orgullo, que ha concurrido al progreso del país ‘sin haber dispuesto jamás en la lucha, dura y áspera, de otros elementos que los propios’”.

En 1898, Paz construyó para su diario un majestuoso edificio sobre la Avenida de Mayo, cuya apertura databa de dos años antes. “El lujoso Palacio de La Prensa se edificó sobre un terreno situado en la Avenida de Mayo y con frente a la calle Rivadavia. Mide 30,70 metros de frente a la avenida y 30,50 a Rivadavia y el fondo es de 48 metros 50 centímetros. Consta de doble sótano, planta baja y cuatro pisos altos. El proyecto general del edificio, así como la disposición o instalación del diario, han sido ideados por los ingenieros señores Alberto de Galaza y Carlos Agote, directores de la obra”, leemos en La Ilustración Sudamericana.

La puerta principal de frente a la avenida da acceso a un gran hall que estaba destinado al público para avisos y suscripciones. El hall era de estilo Luis XVI, sus mosaicos eran de mármoles especiales. A un costado se encontraba un salón de exposiciones de productos nacionales. Tres grandes escaleras, una que daba a la avenida y dos hacia la calle Rivadavia, ponían en comunicación los sótanos con los diversos pisos del edificio. Las puertas laterales sobre Rivadavia daban entrada a los consultorios médico-quirúrgico y jurídico gratuito. El primer piso estaba destinado a la Dirección, Redacción y Sala de Reporteros. Asimismo, en este piso como en los demás, se disponía de salas de espera, de recibo y baños.

Sobre el frente de Rivadavia y con una extensión de 8 metros por 30 metros se encontraba el gran salón de fiestas con el palco escénico y una exquisita decoración estilo Luis XIV. En este salón se daban las fiestas periodísticas, conferencias científicas y literarias con que La Prensa obsequiaba a sus suscriptores. Este espléndido salón disponía de grabados y pinturas, era una verdadera obra de arte, parangonable por su belleza a los principales salones del continente europeo.

En el segundo piso se habían distribuido las oficinas complementarias de la redacción; es decir, el archivo y las salas de descanso y esparcimiento. Tenía además un gran salón de lecturas destinado a los reporteros. De esta manera, en el edificio de La Prensa se relacionaba el trabajo periodístico con el necesario momento del relax o descanso. En el tercer piso nos encontrábamos con departamentos complejos, espléndidamente amueblados para uso y habitación de huéspedes distinguidos y hombres de ciencia que visitaban la Argentina. El cuarto piso era el más ventilado y el que recibía mayor cantidad de luz. En este piso se encontraba el gran taller de composición, cuyas dimensiones eran de 10 metros por 30 metros, así como también la sala para la confección de cartones y matrices y el taller de fotografía, electrotipia y grabados. Para las composiciones especiales se disponía de otra sala de trabajo. También en este piso se hallaba un restaurante con un servicio especial, que permitía a los trabajadores de La Prensa tener la necesaria comida sin salir del edificio.

La torre superior servía como observatorio y se llegaba a la misma por un ascensor especial colocado en su interior. La estatua que corona el edificio y que se encuentra a 55 metros de elevación sobre el nivel de la calle lleva un faro eléctrico cuyos rasgos eran visibles a grandes distancias y desde cualquier punto de la extensa ciudad de Buenos Aires. Respecto de esta escultura, que representa bajo la forma de una diosa griega el principio de la libertad de prensa, la revista Caras y Caretas informaba: “Ha sido el gran acontecimiento callejero del año la operación de elevar hasta la cúspide la estatua que debe coronar el edificio monumental que, para sus oficinas, ha hecho construir en la Avenida de Mayo nuestro colega La Prensa. Un numeroso público –más de 20.000 personas tal vez– atraído por la novedad del espectáculo y también por el deseo de tributar un homenaje al popular diario llenaba desde temprano las aceras y la calle observando los detalles de la delicada operación. La policía se vio obligada a doblar un servicio de agentes para mantener el orden sobre la concurrencia y el tráfico público estuvo interrumpido por espacio de dos horas. (…) Felicitamos muy de corazón al excelente colega deseando que Caras y Caretas pueda merecer algún día semejante felicitación por idéntico motivo”.

La Prensa instaló una potente sirena que anunciaba a los transeúntes que se había producido un acontecimiento de envergadura, ya a nivel nacional o internacional, a fin de que aquellos se congregasen junto al edificio para informarse de lo acontecido.

Respecto de la elegancia estilística del edificio, y al compararlo con el Palacio Municipal, Elisa Radovanovic señala que “un ejemplo opuesto a la sencillez compositiva de este edificio construido en difíciles momentos económicos fue el de La Prensa, cuya suntuosidad e instalaciones apropiadas presentaba una ingeniosa distribución interior ‘(…) [que] consiste en una sólida armazón de fierro, revestida de mampostería, con adornos y decoraciones que revelan un refinado gusto artístico. Los dos frentes (…) impresionan por su disposición y por sus líneas (…), [que son] conjuntos estéticos y armoniosos’. La construcción se dispuso en planta baja y cuatro pisos con dos sótanos. Sobre la cúpula se instaló una monumental estatua de fundición de 4.100 kilogramos, realizada en bronce dorado por la casa Thiébaut Frères de París”.

El edificio de La Prensa se nos presenta como una de las más bellas realizaciones arquitectónicas de la Argentina de fines del siglo XIX. Los grandes ingresos que generaba la economía agroexportadora llevaron a muchos miembros de la oligarquía gobernante a destinar parte de sus ingresos a construir suntuosos palacios. José Camilo Paz no solo construyó un palacio que ofició de residencia familiar, sino que también invirtió parte de sus ganancias en un edificio que también podemos pensar como palacio, y lo hizo sede de su empresa periodística. Inaugurado el 8 de noviembre de 1898, el edificio fue parte relevante de la modernización urbana de Buenos Aires.

Fuentes consultadas
Caras y Caretas, Buenos Aires, 1898.
Cutolo, V. O. Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Buenos Aires, Elche.
La Ilustración Sudamericana, 16 de mayo de 1899.
Radovanovic, E. Buenos Aires. Avenida de Mayo, Buenos Aires, Ediciones Turísticas de Mario Banchik, 2002.

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