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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 18 de noviembre de  2017

18 de diciembre de 2013

EN LA COSTANERA NORTE

Prefectura ordenó a bañistas salir del río


Personal de la Prefectura del Río de la Plata, a bordo de un bote de goma, ordenó que salieran de las aguas del estuario, en la zona de la Costanera Norte, a personas que buscaban alivio de las elevadas temperaturas que agobian a la ciudad. Como se sabe, debido a la contaminación de la cuenca, está prohibido bañarse en el Río de la Plata.

La información no conmovió a la opinión pública porteña, bastante encrespada por la ya habitual combinación de ola de calor y corte de energía, a la que se suman el desafío de enfrentar las fiestas navideñas en medio de la inflación creciente, el temor a la inseguridad y, por qué no, la sensación de indefensión ante un ajuste cada vez más probable y cercano.

Sin embargo, habría que preguntarse por qué una ciudad que cuenta con nada menos que dieciséis kilómetros (diez millas marinas) de costa sobre el Río de la Plata no puede aprovecharlos para solaz y esparcimiento de sus sufridos pobladores.

Recordemos al respecto que en la Costanera Sur funcionaba un concurrido Balneario Municipal que, inaugurado en 1918 y progresivamente mejorado y embellecido, convocó a varias generaciones de porteños. Las temporadas se extendían entre los meses de diciembre y marzo, y la inauguración constituía un acontecimiento social, cuya principal ceremonia era la bendición de las aguas por parte de un alto dignatario de la Iglesia Católica.

Los memoriosos recuerdan también que en el río se disputaban importantes competencias de natación, como la hoy mítica (e irrealizable) Tigre-Balneario, en las que intervenían deportistas internacionales.

Pero en la década del 70 se colocaron carteles que indicaban, paradójicamente, que en el balneario estaba prohibido bañarse. A causa de la contaminación.

Si bien las causas del fenómeno pueden ser muchas, nadie ignora que son las principales el vertido indiscriminado de sustancias de desecho por parte de las industrias y las descargas de los residuos sanitarios de millones de habitantes del área metropolitana.

Pese a los muchos anuncios formulados y a la infinidad de comisiones constituidas desde que tomó estado público, la situación, lejos de remediarse, se ha agravado, y amenaza extenderse a los cauces subterráneos cercanos.

Otros factores importantes que han contribuido a privar a la población del uso y goce de la ribera son el avance indiscriminado de la ciudad sobre el río –se ha calculado que lo hace a un promedio de 26 hectáreas por año– y la privatización y concesión de amplios predios costeros, a pesar de que la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, en su artículo 8, expresa que “los espacios que forman parte del contorno ribereño de la Ciudad son públicos y de libre acceso y circulación”.

Se ha repetido muchas veces que la ciudad le da la espalda al río; un dirigente gremial dijo, hace tiempo, que la excepción era la estatua de Colón. Los burócratas de turno se encargaron de que ya no dirija la mirada a las aguas.

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