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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 19 de noviembre de  2017

27 de octubre de 2012

PROGRAMA BICICLETAS DE BUENOS AIRES

Pedaleando en la ciudad

Entre hoy y mañana se desarrollarán en el Planetario, el Anfiteatro de Parque Centenario y el Distrito Audiovisual, las distintas actividades del Primer Festival de la Bici, organizado por el Gobierno de la Ciudad para promover precisamente el uso de la bicicleta.

Según informó el Gobierno de la Ciudad, “el Festival contará con distintas manifestaciones culturales asociadas al uso de la bicicleta” como “encuentros de difusión, demostraciones de destreza, presentación de novedades de diseño, cine y música, y actividades lúdicas”.
De acuerdo con esa información, el “concepto central” del festival es “celebrar y promover para la ciudad de Buenos Aires el uso de la bicicleta como medio de transporte y movilidad económico y saludable”. La propuesta estará “en directa consonancia con el creciente fenómeno de una nueva cultura urbana, más sana y sustentable, que abarca todas las grandes ciudades del mundo”.
Puede decirse que el festival constituye la variante cultural del Programa Bicicletas de Buenos Aires, que “tiene como objetivo fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico, saludable y rápido”.
Uno de sus aspectos más interesantes es la implementación, por parte del Banco Ciudad, de una línea especial de créditos para financiar la compra de estos vehículos, que podrán ser adquiridos en distintas bicicleterías de la ciudad con créditos a tasa de interés 0% y a pagar hasta en 50 cuotas fijas.
Es preciso referirse asimismo a la red de ciclovías protegidas que, según se informó, contempla, en su primera etapa, la construcción de casi 100 kilómetros, y al sistema de transporte público en bicicleta, sin olvidar el programa de enseñanza para que los niños aprendan, en parques y plazas, a usar el vehículo sin la ayuda de rueditas agregadas.

Bicicleta y cultura

En recientes declaraciones periodísticas Hernán Lombardi, ministro de Cultura, afirmó que distintas manifestaciones de esta pueden promover el uso de la bicicleta.
Puede que tenga razón; en todo caso, la recíproca no es cierta. Porque el tan promocionado vehículo no ha logrado inspirar aún, en nuestro medio, la creación de obras significativas como la célebre película de Vittorio De Sica, ni está entre las cosas que identifican al porteño. (Dejando de lado, claro está, a la bicicleta financiera, que ha arraigado profundamente en nuestras costumbres y a la que el ingenio popular, pero más el de los funcionarios, enriquece constantemente con nuevas y originales variantes que en algunos casos, como el de los pagos a jubilados, nada tienen de risueño.)
Por su parte, el tango supo cantarles a carros, coches de plaza, tranvías, automóviles y barcos, pero aunque la palabra es de rima fácil, la bicicleta no integra la temática del género. Y qué quiere que le diga, no es fácil pensar en un guapo que repecha pedaleando la barranca de Patricios, y ni queremos imaginarnos el escándalo de Esthercita paseando en bicicleta por Chiclana con la pollera cortona y estrecha.
No faltará quien nos recuerde La bicicleta blanca, de Ferrer, con música de Piazzolla; pero esta letra ostenta una suerte de misticismo tan alejado de la religiosidad trágica como del desencanto religioso o del escepticismo de las mejores tradiciones tangueras. Preciso es decir también que antes está el bellísimo poema de Pedroni La bicicleta con alas; no queremos ser localistas, pero el autor era santafecino, y orgulloso de serlo.
Es cierto que durante los años dorados del primer peronismo podía verse a las familias ufanas en sus bicicletas (que no usaban para venirse al centro) y no negamos la importancia de otorgar créditos para comprarlas a veinte pesos por mes, o de enseñar a los chicos a usarlas sin esas malhadadas rueditas que ni siquiera evitaban los porrazos.   
Y no descartamos que terminen por imponerse y lleguen a representar la actual etapa de la historia de Buenos Aires. Todo es posible: recordamos a los caballeros ingleses que en la segunda guerra, impecablemente vestidos, recorrían en bicicleta las calles londinenses sin perder compostura ni elegancia, y a los chinos que en tiempos de Mao circulaban tan dignamente en esos vehículos que, según se dijo, por confiables e igualitarios eran una especie de símbolo del sistema social entonces vigente.
Pero esas ya son otras historias.

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