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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 19 de noviembre de  2017

 9 de abril de 2010

PLAZOLETA RAYMUNDO GLEYZER

Nombre que refuerza un rasgo de identidad barrial

 

Por Pablo Russo

La pequeña plazoleta ubicada en Espinosa y Juan A. García, en La Paternal, protagonista de la audiencia pública, ya cuenta con un vistoso cartel con el nombre de Raymundo Gleyzer, fileteado por el artista Jorge Molina, que fue colocado durante el acto de inauguración extraoficial el 6 de junio de 2009, cuando numerosos vecinos, familiares y amigos se dieron cita y homenajearon a Raymundo.

Además, la pared del fondo despliega un impactante mural en blanco y negro, en el que se aprecia al cineasta empuñando una cámara, pintado por el artista Lucio Deza con la colaboración de la Comisión x la Memoria y la Justicia de La Paternal y Villa Mitre.
La Paternal Cine Ambulante también ocupó el lugar en octubre pasado, cuando realizó una de sus proyecciones al aire libre: México, la revolución congelada, a la que asistió la mujer de Gleyzer, Juana Sapire, quien ofició de presentadora. Es decir, el barrio ya reconoce ese rincón de su entramado como la plazoleta Raymundo Gleyzer, más allá de que la Legislatura de la ciudad dé curso legal o no a esta nominación popular. En el caso de que esto ocurra, la iniciativa de los vecinos y la Comisión x la Memoria ganará visibilidad al ser publicada de forma oficial en las guías y mapas de la ciudad.
Recordemos que los barrios de La Paternal y Villa Mitre exhiben orgullosos algunas nominaciones de destacados personajes que los transitaron: el estadio de Argentinos Juniors, en Boyacá y Juan Agustín García, lleva el nombre del mejor jugador de todos los tiempos; el puente sobre la avenida San Martín se llama Julio Cortázar, en consideración al autor de Rayuela; e incluso la plaza de Juan B. Justo y Boyacá, acreditada oficialmente como Luis Sáenz Peña, ya es por todos conocida como la plaza de Pappo. Un futbolista, un escritor y un músico, a los que se les suma un cineasta, brindan al barrio un panorama mucho más alegre y popular que el de otros rincones de la ciudad en los que abundan generales y coroneles. El Estado, que tiene ahora en sus manos la palabra final sobre el nombre de la plazoleta de Espinosa y Donato Álvarez, es el mismo que acepta denominaciones y monumentos a represores y genocidas, como el hombre de los billetes de cien pesos que también se erige sobre su caballo a pocos metros del recinto legislativo, en un gesto de insulto a los pueblos originarios; o la calle que va desde Caballito hasta más allá de la General Paz portando el nombre de un coronel asesino de obreros. La lucha por el decir y el nombrar a nuestros espacios comunes es también una lucha por el sentido de la historia y por la construcción de la memoria. Esperemos ganar esta batalla.

 

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