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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 24 de julio de  2017

11 de diciembre de 2010

EN EL DÍA DEL TANGO 

Carlitos 120 años después

 

Por Roberto Selles

Gardel y De Caro llegaron al mundo un 11 de diciembre. De ahí, el Día del Tango, instituido a instancias de Ben Molar. Gardel cumpliría hoy 120 años. Una buena ocasión para recordar qué hizo él por el género y qué significa en su historia.

Charles Romuald Gardes llegó a estas playas, junto a su madre, Marie Berthe Gardes, el 9 de marzo de 1893 –según los libros de Migraciones– a bordo del vapor Don Pedro. Había nacido en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890 y aquí fue donde se aporteñó, donde nació su amor por el canto criollo y donde se llamó Carlos Gardel. 
Arturo de Nava –una de las contadas buenas voces populares de la época– le impartió las primeras lecciones de canto y sus recursos vocales pasaron al discípulo. Pero ese discípulo era un notable aficionado al canto lírico, lo cual lo llevó a vocalizar con otros maestros; los que provenían, precisamente, del canto lírico. 
Esto le permitió adquirir una técnica vocal completamente novedosa para el canto criollo, técnica que trasladó al tango cuando decidió incorporarlo a su repertorio de canciones camperas. Entonó por primera vez un tango en 1917; hasta entonces, se había consagrado exclusivamente a interpretar cantares campesinos (tonadas, milongas, cifras, valses, habaneras y, sobre todo, estilos), parte de los cuales quedaron plasmados en sus grabaciones iniciales de 1912 para el sello Columbia.
Como esas grabaciones, también quedó atrás el cuarteto vocal que había integrado junto a Saúl Salinas, Francisco Martino y José Razzano. Con este último integraba el célebre dúo y hacía algunas canciones como solista, sobre todo, los tangos. El primero que grabó fue –es sabido– Mi noche triste, una letra que Pascual Contursi había adaptado a Lita, de Samuel Castriota, en 1915.
La elección fue profética. Era la primera vez que un protagonista tanguero se lamentaba por el abandono de la mujer amada; hasta entonces, la letra del tango había sido cosa de despreocupados compadritos cantados por Ángel Villoldo, Alfredo Eusebio Gobbi, Pepita Avellaneda, Andrée Vivianne y otros. Pero, además, él comenzó a cantarlo de un modo inusitado hasta entonces en la canción popular. Una sorprendente conjunción de técnica y sensibilidad se dieron en el Gardel cantor de tangos y creó una escuela de la que ningún vocalista pudo evadirse.
Por todo lo dicho, nuestro cantor se convirtió en el mayor de los ídolos populares, a tal punto que algunos lo llamaron El Morocho del Abasto; otros, El Zorzal Criollo, y muchos –con un muy porteño ingenio paradójico–, El Mudo. Pero, más allá de los diversos apodos, todos coincidieron en llamarlo, cariñosamente, Carlitos. Haydée Breslav nos hace una aclaración al respecto: “Sólo dos cantores han sido queridos por el pueblo de Buenos Aires como para merecer el homenaje del diminutivo: Gardel y Vargas”. Y es muy cierto.
En el mismo 1917 en que llevó al surco discográfico Mi noche triste, Carlitos –llamémoslo así– accedió a la cinematografía. Curiosamente, se lo requirió para una película ¡muda! Flor de durazno se titulaba, y a ella siguieron los ya míticos cortos de 1930, dirigidos por Eduardo Morera –cada uno duraba lo que una canción, con los cuales se inició nuestro cine sonoro.
Pero el país ya le estaba quedando chico a su arte y comenzó a filmar para la Paramount. Primero, en la parisiense Jonville, con Las luces de Buenos Aires (1931), Melodía de arrabal, La casa es seria y Espérame (las tres de 1932); luego, en la neoyorkina Long Island, con Cuesta abajo y El tango en Broadway (las dos de 1934), y Cazadores de estrellas, El día que me quieras y Tango Bar (todas de 1935).
Al margen, fue un prolífico compositor. En tal sentido, produjo una extensísima lista de títulos, que abarcan varios géneros musicales, como tangos, estilos, tonadas, milongas, valses, cifras, zambas, gatos, canciones, rumbas, foxtrots, etc. Algunos de sus títulos son El tirador platiao, El almohadón, Criollita, decí que sí, Rumores, ¡Ay, Aurora!, Margot, Mano a mano, Medallita de la suerte, El día que me quieras, Silencio, Melodía de arrabal, La vida en un trago, Amores de estudiante, Sol tropical, Volvió una noche, Mi Buenos Aires querido, Sus ojos se cerraron, Volver, Amor y tantísimos otros. 
El 24 de junio de 1935, a las 15.15, Medellín, hasta entonces una ciudad colombiana ignorada por nosotros, se nos convirtió en un nombre tristemente familiar. Allí, en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera, el avión de la SACO en que viajaba el cantor se estrelló contra otro de la SCADTA. Pero el acontecimiento es sólo parte del mito, y quizá sea lo más mítico del mito Gardel, porque el accidente de Medellín en que Gardel perdió la vida nunca tuvo lugar…
¿O alguien puede probarnos que Carlitos no sigue vivo…? ¿O no está vivo en la devoción y el cariño de un pueblo que, no por nada, lo ha elevado a la categoría de ídolo mayor…?
  
  

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