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 29 de mayo de  2017

2 de diciembre de 2010

A 105 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Osvaldo Pugliese en el recuerdo

 

Hoy, 2 de diciembre, se cumplen 105 años del nacimiento de Osvaldo Pugliese. A propósito de la fecha, reproducimos Osvaldo Pugliese: ética militante y estética popular, nota de Haydée Breslav publicada en diciembre de 2005 en la edición impresa de Tras Cartón, en ocasión de celebrarse el centenario del mismo acontecimiento.

 

En este diciembre se cumplen cien años del nacimiento de Osvaldo Pugliese, uno de los máximos exponentes de nuestro tango, al que consideraba una expresión del pueblo en el más alto sentido. Como artista, fue el creador de un estilo que mantiene plena vigencia; como ser humano, supo trazarse una línea de conducta que aún hoy se cita como ejemplo.
Nació el 2 de diciembre de 1905 en el barrio porteño de Villa Crespo. Su padre, obrero del calzado y músico aficionado, como muchos inmigrantes de la época, le impartió los primeros conocimientos, que años después perfeccionaría con el maestro Vicente Scaramuzza.
A los quince años debutó con un trío en un café de barrio denominado La Cueva del Chancho, ubicado en las inmediaciones del arroyo Maldonado. Posteriormente integró distintos conjuntos, entre ellos, el de la bandoneonista Paquita Bernardo y los de Enrique Pollet, Roberto Firpo y el sexteto del prestigioso Pedro Maffia, con quien permaneció hasta 1929; a los diecinueve años compuso un tango fundamental, Recuerdo, que le proporcionó gran notoriedad. Desvinculado de Maffia, se asoció con el eximio violinista Elvino Vardaro para formar el sexteto Vardaro-Pugliese, una de cuyas formaciones integraron Alfredo Gobbi y Aníbal Troilo, quien entonces tenía quince años.
Disuelto el sexteto por razones económicas, Pugliese pasó después por diversos conjuntos hasta que, en agosto de 1929, se presentó en el Café Nacional de la calle Corrientes al frente de su propia orquesta, de neta esencia decariana (“Yo vengo de la escuela de Julio y de Francisco De Caro, de Pedro Maffia, de Pedro Láurenz… Mi estilo es una herencia cultural de aquellos creadores”, decía). Constituida desde un principio como cooperativa por puntaje, en más de una ocasión el director llegó a cobrar menos que alguno de sus músicos.
Amílcar Tolosa, que durante once años se desempeñó en la orquesta como contrabajista, explica que “con ese sistema, el que menos ganaba cobraba el equivalente de tres tarifas sindicales”. Y el comunicador social Pablo Zamorano apunta: “Pugliese no consideraba a los músicos de su orquesta como súbditos, sino como compañeros de ruta; lo que pensaba lo demostraba en la práctica”.
A tono con las exigencias del baile que había adquirido singular incremento en la década del 40, Pugliese imprimió al estilo decariano un ritmo muy ágil, logrando acentos muy marcados y vivaces, cuya onomatopeya, “yum-ba”, dio título a uno de sus tangos más famosos.
El coleccionista Orlando Paletta recuerda: “Desde que tenía 17 años he seguido siempre a la orquesta; su estilo marcadamente rítmico, sin descuidar la melodía, convocaba tanto a los que venían a escuchar como a los bailarines”.
Por su parte, Tolosa define a Pugliese como “una persona muy talentosa y a la vez muy humana, que vivía pulsando el sentimiento de la gente común. Su pensamiento era que la música que hacía estuviera en sintonía con los bailarines y con la sensibilidad del pueblo. Por eso, si ponía un arreglo, lo tocaba dos o tres veces y, si no ‘levantaba a la tribuna’, lo sacaba. Paletta coincide, y ejemplifica: “Tenía mucho arrastre con barras seguidoras, que al final de cada tema gritaban: ‘¡Al Colón!’. Afortunadamente, en sus últimos años, llegó a tocar en el Teatro Colón”.
En su continua búsqueda de nuevas formas expresivas sin abandonar la esencia popular y tanguera, compuso tangos como Negracha y Malandraca, que constituyen hitos insuperables en el desarrollo del género, más allá de los cuales todo es decadencia o manierismo. Según Paletta, “a fines de los 50 y durante los 60 se acentuó la tendencia a la avanzada en lo que a arreglos orquestales se refiere, sin perder las características rítmicas y melódicas propias del género”. Y cita como ejemplos, además del nombrado Negracha, los arreglos de Gallo ciego, de Agustín Bardi, La Mariposa, de Pedro Maffia, y Emancipación, de Alfredo Bevilaqua.
En cuanto a los tangos cantables, se unió a los mejores poetas del género para lograr temas de notable riqueza melódica y ternura expresiva, como Igual que una sombra, con letra de Enrique Cadícamo; Barro, con versos de Horacio Sanguinetti; Recién, en colaboración con Homero Manzi; y Una vez, con la participación de Cátulo Castillo.
Notable ejecutante de su instrumento, lo mismo que Aníbal Troilo, desdeñó el virtuosismo vacío y puso su talento interpretativo al servicio de la sonoridad de la orquesta.
En 1943 grabó su primer disco, que incluía los tangos El rodeo y Farol –este último con el cantor Roberto Chanel– y cuya letra, que pertenece a Homéro Expósito, comienza expresando: “Un arrabal con casas /que reflejan su dolor de lata” y continúa: “Allí conversa el cielo / con los sueños de un millón de obreros”.
Entre los cantores más representativos que tuvo la orquesta podemos citar, además del ya nombrado Chanel, a Alberto Morán, que logró grandes éxitos como Yuyo verde, El abrojito, Pasional y San José de Flores; Miguel Montero, muy celebrado por sus interpretaciones de Antiguo reloj de cobre, Qué te pasa Buenos Aires y Acquaforte, de marcado tono social; Jorge Vidal, cuyas versiones de Puente Alsina, Vieja recova y Ventanita de arrabal aún se recuerdan, y Alfredo Belusi, cuya reciedumbre resaltó los acentos contestatarios de Bronca y Desencuentro, entre otros.
La orquesta contó asimismo con muchos de los más importantes instrumentistas y compositores del género, como Jorge Caldara, Emilio Balcarce, Osvaldo Roggero, Ismael Spitalnik, Mario Demarco, Enrique Camerano, Oscar Herrero, Aniceto y Alcides Rossi, Julián Plaza, Víctor Lavallen, Arturo Penón…
En este sentido, Tolosa acota: “Tuvo la inteligencia de rodearse de gente talentosa, compositores y arregladores de primer nivel, y la hidalguía para darles el lugar que les correspondía; pero él siempre ponía su sello. En todo arreglo había un par de compases suyos, que eran los que definían el estilo”.
Del mismo modo que a su amigo y camarada Raúl González Tuñón, creer en una sociedad justa, luchar por ella y mantener una línea de conducta, le valió prohibiciones, persecuciones, discriminaciones y cárceles; no está de más recordar que durante sus permanencias en prisión la orquesta iniciaba sus presentaciones con un clavel rojo sobre el teclado del piano. “He ido a ver a la orquesta en los bailes de carnaval del Club Huracán, cuando él estaba detenido; tocaba sola, sin nadie al piano, ante un público que colmaba las instalaciones”, cuenta Paletta.
Asimismo, Zamorano destaca que “supo denunciar en todo momento la penetración cultural imperialista que, con la complicidad de las burguesías nacionales y a través de los medios masivos de difusión, y particularmente de la industria discográfica, intenta instalar un modelo de cultura hegemónica acorde a los criterios de las clases dominantes y a los intereses del imperialismo”.
Fue así como, en una entrevista concedida hace ya mucho tiempo, Pugliese nos manifestó lo que sigue: “El tango es una parte importante de la cultura nacional y popular, y es obligación de todo profesional impedir que lleguen a ella las corrientes deformantes que, por distintas vías, intentan introducirse. Tengamos en cuenta que el tango no es patrimonio exclusivo del profesional que lo ejerce: sería un error considerarlo así. Con sus cien años de vida, con su proyección internacional, es una expresión del pueblo en su más amplio sentido, y debe ser mantenido en su máximo nivel”.
Para Zamorano, “esto no era solamente un discurso, sino una concepción de vida que se reflejaba en su intransigencia ante las presiones del poder de turno, y en el compromiso con los sectores que peleaban. Nunca dudó en apoyar las distintas luchas de las clases trabajadoras y populares, sin importarle el signo partidario de quienes la conducían”.
Al respecto, el pintor Pedro Gaeta lo evoca como alguien “siempre dispuesto a apoyar, a participar y a compartir”, y recuerda su compromiso con la campaña por la sede propia de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP), iniciada por Leopoldo Presa: “En ese contexto, compuso el tango A los artistas plásticos y lo dedicó a la entidad, no a los artistas en general”, subraya Gaeta.
A los diez años de su muerte, el estilo de Pugliese goza de plena vigencia y ejerce innegable influencia sobre los músicos jóvenes. Así, Tolosa precisa que “hoy en día hay grupos nuevos, sé de por lo menos tres orquestas de jóvenes, que arrancan desde allí, como en otros momentos arrancaban de Piazzolla”.
Permítaseme ahora asumir la primera persona para referir la siguiente historia: sus dos protagonistas ya no están, y sólo quedé yo para dar testimonio.
En la década del 70, en Buenos Aires y en plena dictadura, Osvaldo Pugliese le comentó a Oscar García, mi esposo, y en mi presencia: “Hay que escribir un tango por los presos políticos" (no se los llamaba desaparecidos) y dijo, señalándolo: “Y quiero que la letra la escriba usted”.
Oscar me dijo después que le “había dado un calor bárbaro” que el maestro, al que tanto admiraba, lo hubiera designado para semejante tarea. Pasó el tiempo y cuando lo volvimos a encontrar, Pugliese insistió: “¿Para cuándo esa letra?”. Y después, dirigiéndose a mí: “Hay que hacer algo por los presos políticos, pobres”.
A partir de entonces, tuvieron varios encuentros, en los cuales no participé; Oscar volvió de uno de ellos con un casete donde el maestro había grabado una línea melódica. También me contó que Pugliese le había sugerido algunas ideas para la letra.
Oscar la terminó, por fin; nunca supe qué pasó después, él nada me dijo. Posteriormente la corrigió y la transformó en un poema que Alberto Vanasco calificó como uno de los mejores que se escribieron sobre el tema; con el título Nocturno a tu nombre integra su libro Melodía de Arrabal. Mucho después me decidí a preguntarles a Amílcar Tolosa y a Lidia, la esposa del maestro: ambos coincidieron en que no tenían ningún conocimiento de un tango con esa temática.
Osvaldo Pugliese murió el 25 de julio de 1995. Su conducta y su calidad humana lo llevaron a ser una de las figuras más queridas y respetadas del género, mientras que la excelencia de su trayectoria artística lo ha hecho integrar, junto con Carlos Gardel y Aníbal Troilo, la máxima trilogía tanguera.

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