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 23 de octubre de  2017

1 de diciembre de 2010

OPERETA Y ZARZUELA EN EL MUSEO SARMIENTO

Voces jóvenes para un repertorio de siempre

 

Por Haydée Breslav 

En la sala Eugenia Belín del Museo Histórico Sarmiento se realizó el último concierto de la temporada 2010 del ciclo Abrazos Musicales, que organiza Eduardo Cogorno, y que estuvo a cargo del Estudio Vocal Pergolesi, con la participación de Damián Roger al piano y Cogorno en la dirección.

Según nos informó, se trata de un conjunto que formó hace poco más de veinte años con la idea de ofrecer la posibilidad de aprender un repertorio y de hacer una experiencia previa a la profesional. Sus integrantes han ido rotando: algunos ya están cantando en Europa, otros componen el coro del Teatro Colón o han actuado en el Avenida; los actuales son jóvenes de entre veinte y treinta años.
Esto predispone favorablemente al espectador, pues inspiran natural simpatía las vocaciones juveniles dispuestas a aceptar la ardua disciplina del canto lírico; el acierto de esa presunción quedó demostrado durante el desarrollo del espectáculo porque quienes participaron exhibieron, en general, dotes vocales en el apogeo de la juventud, encauzadas por una técnica rigurosa.
El mundo de la opereta y la zarzuela, que así se titulaba el recital –cuyos números fueron presentados por el director, con el agregado en ocasiones de una breve explicación– se abrió con una apelación al humor a través del irreverente trío Italia la bella, de la opereta Monsieur Choufleuri reste chez lui, de Jacques Offenbach, donde Florencia Gallo, Maximiliano Illanes y Roberto Ochova provocaron la sonrisa del público en esta parodia del bel canto.
El mismo autor dio lugar seguidamente a una incursión en la ópera que estuvo a cargo de la soprano Guadalupe Cristina, de fresca y diáfana voz y notables dotes interpretativas, que sorteó con desenvoltura las dificultades del aria de Olympia Les oiseaux dans la charmille, de Los cuentos de Hoffmann, como también lo hizo después con las de la risueña Mein herr Marquis, de El murciélago, de Johann Strauss.
Entre una y otra, María Clara Maiztegui empleó su bien timbrada voz y su viva expresividad para componer a una Hanna Glávary más sensible que pícara, que conmovió en su Canción de Vilja, de La viuda alegre, de Franz Lehar, y con Illanes en el papel de Danilo revivieron el viejo vals de esa opereta, pasos de baile incluidos.

La zarzuela
A continuación se inició el bloque dedicado a la zarzuela, a la que tanto le debemos porque, según afirman especialistas como Roberto Selles, fue el género chico el que trajo a estas playas el tango andaluz, que causó sensación y fue antecedente directo del tango argentino.
Le tocó a Julia Frosi abrir esa parte con la romanza de Socorro Cuando está tan hondo, de El barquillero, de Ruperto Chapí, que fraseó con acentos de popular españolidad; la siguió Maiztegui quien, en la muy castiza De España vengo, de El niño judío, de Pablo Luna, desplegó efectivamente “la gracia de la manola”, mientras que la soprano chilena Ingrid Pilco concretó una sólida versión de la Canción de Paloma, de El barberillo de Lavapiés  de Francisco Asenjo Barbieri.
A su turno, el barítono Gabriel Rabinovich deslumbró con su magnífica interpretación de la bellísima romanza de Germán Ya mis horas felices, de La del soto del parral, de Soutullo y Vert, que aprendimos a admirar en las versiones, hoy míticas, de Luis Sagi Vela y de Marcos Redondo.
No podía faltar el dúo de Julián y Susana Donde vas con mantón de Manila, de La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón. Vale la pena mencionar que, según relata Selles en su libro El origen del tango, esa habanera alcanzó rápida popularidad en nuestro medio, donde se cantó también como milonga y como tango, en este último caso con letras como la que sigue: “¿Dónde vas, che cafishio apurado? / A lucirte, seguro, al café / donde está tu querida Rosaura / también luciendo un vestido chiné.”
Señala asimismo que en 1915, cuando lo que se conoció como “el crimen de los lagos de Palermo” conmocionaba a la población porteña, un tal Francisco Difrieri, haciendo honor a nuestra tradición necrofílica, le adosó a esa melodía los siguientes versos: “–¿Dónde vas con el bulto, apurado? / –A los lagos lo voy a tirar / son los restos de Ernesto Conrado / que lo acabo de descuartizar”. Por su parte, el entonces vigoroso movimiento ácrata elaboró una versión que se llamó La verbena anarquista.
Y Francisco García Jiménez, en 1927, empleó el primer verso Dónde vas con mantón de Manila para encabezar la segunda de su precioso tango Carnaval (que nada tiene de festivo), donde la música de Anselmo Aieta no tiene elementos en común con los de la habanera.
Volviendo a la versión original, digamos que le fue confiada a Maiztegui, en una nueva ocasión de poner de manifiesto su versatilidad, y al tenor chileno Fernando Navarro, que en el aria de Olympia había compuesto a un desopilante Spalanzani.
A continuación, este joven cantante tuvo ocasión de lucimiento interpretando la famosa romanza No puede ser, de La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal, donde se pudo apreciar debidamente su caudalosa y lozana voz. De la misma zarzuela, el bajo Nicolás Secco realizó una lograda versión de la atractiva Despierta, negro. Luego se presentó nuevamente Maiztegui para superar sin evidente esfuerzo y con mucha donosura el desafío de Me llaman la primorosa, de El barbero de Sevilla de Gerónimo Giménez.
El final estuvo consagrado a Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, de la que se eligieron cuatro números. El primero le correspondió a Rabinovich, quien, encarnando al generoso Vidal Hernando, transmitió con gran dignidad el dramatismo de la romanza Por el amor de una mujer. Por su parte, Ingrid Pilco y Fernando Navarro asumieron la responsabilidad de los otros tres: el encantador dúo de Carolina y Javier Caballero del alto plumero, el de este último y Luisa Fernanda Cállate corazón y la emblemática Mazurca de las sombrillas. La participación del coro en esta última permitió el lucimiento de todo el elenco, al que contribuyó, a lo largo de la función, la concentrada y muy meritoria labor del pianista Damián Roger.

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