TPL_GK_LANG_MOBILE_MENU

banner 728x90

Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 24 de julio de  2017

27 de noviembre de 2010

ENCUENTRO SOBRE COALICIONES EN LA LEGISLATURA

Importantes definiciones políticas

 

Por Haydée Breslav

Alcanzó relevancia el encuentro sobre las coaliciones políticas en América del Sur que, organizado por el diputado de la Ciudad Martín Hourest (Igualdad Social), se realizó en la Legislatura, tanto por quienes participaron como por lo que allí dijeron.

La actividad principal consistió en una mesa redonda que reunió al nombrado legislador y a los diputados nacionales Margarita Stolbizer (GEN) y Ricardo Alfonsín (UCR) para hablar del desafío de las coaliciones políticas para el futuro de la democracia, y que contó con la participación como moderador del legislador (mc) Facundo Di Filippo.
Asistieron el diputado nacional por el Partido Socialista Roy Cortina, los legisladores Rubén Campos (UCR), Eduardo  Epsztein y Aníbal Ibarra (Diálogo por Buenos Aires), otros referentes políticos y público.

Hourest: los andariveles
En primer término habló el anfitrión, quien cuestionó: “¿Cómo es razonable creer en la palabra de la política si esa política, como verbo, no se hace acción? Y las palabras, si pierden su correlación con la práctica cotidiana, se convierten en mero ruido de los que están satisfechos en un sistema; es un código para minorías que pueden alimentarse entre sí, pero que vienen a dar un fenomenal mentís a la situación de las mayorías”.
Seguidamente, en “una primera definición”, apuntó que “hacen falta coaliciones políticas para aquellos que tenemos indignaciones comunes”. Sostuvo que “lo complejo en estos casos es de qué manera construirlas para que se hagan duraderas, de qué manera darles esos tres elementos que son centrales, y que son un imaginario común, es decir, una forma de proyectar el futuro desde el presente; una herramienta programática sostenida, esto es, de qué manera hacerlo, no sólo imaginarlo sino establecer el cómo; y un mecanismo elemental de solución de conflictos y diferencias”.
En otro tramo de su intervención manifestó que “hay dos grandes andariveles para pensar coaliciones en la Argentina”, y abundó: “Una consigna es pensar sin permiso: una coalición reformista y transformadora tiene que pensar sin permiso, siendo profundamente minimalista en los modos, es decir, cambiando poco los modos que la democracia representativa tiene, pero profundamente maximalista en los objetivos. Tenemos que ser profundamente respetuosos de la ley pero profundamente irrespetuosos con el orden social que consiente el mantenimiento de esta ley”.
Consideró después, acerca del “otro andarivel”, que “del mismo modo que tenemos que pensar sin permiso, tenemos la obligación de pensar con cuidado”, y precisó: “No en el sentido de prudencia ni de remilgo, sino en pensar para el cuidado de una sociedad que está cansada y lastimada de maltrato, de la intolerancia, de los niveles de desigualdad sostenidos en el tiempo, del ‘siempre y de todas maneras hay explicación para que usted siga viviendo mal’”.

Stolbizer: los desafíos
Por su parte, Margarita Stolbizer afirmó, al inicio de su medulosa exposición, que “la coalición tiene, entre otras cosas, el desafío de pensarse desde la concepción y desde la condición del frentismo, y no desde la conveniencia”, y subrayó: “Esto es central, porque muchas veces debatimos las coaliciones cuando nos sentimos impotentes en nuestras propias realidades, y entonces la coalición se transforma en el elemento a veces único para intentar competir con posibilidad de triunfo, lo que termina desnaturalizando el verdadero sentido que debe tener”.
En sus palabras, “la coalición tiene que formar parte de una estrategia política integral, no es un objetivo en sí mismo ni es simplemente el instrumento que permite competir para ganar”.
Dijo también que “cuando no hay concepción y convicción frentistas, y la coalición es simplemente un armado de conveniencia, se derrumba” y advirtió: “El problema no es que se derrumbe y que se desarme, el conflicto es el enorme retroceso que esto genera como frustración al conjunto de la ciudadanía que deposita en ese armado y en esa promesa sus propias esperanzas”.
Asimismo, habló de incorporar “la riqueza que produce la construcción desde lo diverso”, e instó a “recuperar la idea del  reconocimiento del otro, como alguien con quien vale la pena discutir, debatir, acordar, dialogar, y consensuar”.
Se refirió luego a los distintos desafíos que debe afrontar la construcción de la coalición, y al respecto ubicó entre los primeros el hecho de que la concepción tiene que ser “realmente progresista”. Y aclaró: “Pese al vaciamiento y al bastardeo que el propio término pudo haber tenido en este tiempo en el que todos se cuelgan de una definición que aparece muchas veces como demasiado abstracta o teórica, o que haya sido objeto de utilización y de manipulación, me animo a decir que si no incorporamos como objetivo principal del armado de una coalición política la búsqueda del progreso, también habremos fracasado y frustrado este intento”.
Avanzando en sus definiciones, dijo que “el desafío de lo programático tiene que tener como horizonte posible y necesario la inclusión y la igualdad, entendiendo además la búsqueda de la igualdad a partir del reconocimiento de un derecho que debe ser de ejercicio operativo, y no meramente retórico o abstracto”.
En ese sentido, recalcó: “No hay posibilidad de protagonizar una alternativa progresista de coalición si ella no se pone como objetivo modificar y erradicar las causas tan graves y tan estructurales de la pobreza en nuestro país, y esto tiene que ver, entre otras cosas, con una reforma a nuestro regresivo sistema impositivo y tributario”.
Consideró que “el desafío tal vez más importante de la coalición es el de gestión”, y precisó: “Necesitamos salir del testimonialismo, porque el verdadero progresismo es el de gestión: la lucha por el poder es lo que legitima la actividad política en la medida en que ese poder no sea entendido como un fin en sí mismo, sino como un instrumento de transformación”.
Por último, puso de manifiesto que “el desafío tal vez más importante” consiste en “reconstruir una contracultura de valores humanos y morales”, porque “la ética del progresismo no es la misma ética de la derecha”, y enfatizó: “El gran desafío de lo ético y de lo cultural es reponer lo colectivo por sobre lo individual o lo sectorial, es darnos cuenta de que la recuperación del valor de lo nacional y la búsqueda de lo justo tienen que formar parte de la concepción ética de cualquier coalición progresista que hoy podamos trabajar para armar en la Argentina”.

Alfonsín: las revelaciones
A su turno, Ricardo Alfonsín empezó citando un texto perteneciente al discurso que su padre pronunció cuando inauguró por última vez las sesiones ordinarias del Congreso. “Me acuerdo que, haciendo una suerte de balance, dijo que había cosas que no habíamos querido hacer, que había cosas que no habíamos sabido hacer y que había cosas que no habíamos podido hacer”, relató.
A continuación, explicó el significado de cada uno de esos asertos en el contexto en que habían sido dichos, así como las razones que a su juicio los relacionan con las actuales circunstancias y con el desafío de construir una coalición.
Se detuvo especialmente en la última de esas afirmaciones, acerca de la cual observó que “la política no consiste  solamente en buenas intenciones, buenas ideas y buenos programas, la política también es relación de poder, y los mejores hombres y los planes más rigurosos pueden fracasar si la relación de fuerzas les es adversa”.
Como “ejemplo claro” de ese concepto, expresó: “Nos hubiera gustado juzgar a todos quienes hubieran tenido alguna responsabilidad en el terrorismo de Estado, lo que pasa es que veíamos que no estaban dadas las relaciones de fuerza como para juzgar absolutamente a todos; sin embargo, cuando terminamos el gobierno teníamos 290 responsables militares presos, que luego fueron indultados por el justicialismo”.
Y prosiguió: “Hoy las relaciones de fuerza se han modificado a favor nuestro y se puede avanzar y profundizar más, de manera que es una injusticia decir que la democracia no hizo nada por los derechos humanos hasta 2003, es una injusticia y una falsificación de la historia”, se indignó.
“Les voy a contar una cosa que tal vez no sepan”, anunció, preludiando lo que sería uno de los puntos más altos de la reunión. “Fidel Castro le decía a Raúl Alfonsín ‘córtenla, están poniendo en riesgo la democracia en la región’; estábamos rodeados de dictaduras militares y muchos líderes de América latina que estaban luchando por la recuperación democrática en sus países decían ‘paren, porque nuestros militares no quieren considerar la posibilidad de abrir el proceso democrático por temor a que les pase lo que les pasa a los de la Argentina, ‘finishela’ le decía [Sandro] Pertini, que no era un hombre de la derecha”.
Volviendo a la actualidad, opinó: “Lo que podemos decir respecto de lo que era entonces el partido militar, lo podemos pensar acerca de las tareas que tenemos que encarar de aquí en adelante”. Mencionó seguidamente que “ciertos cambios que se han producido en el mundo como la globalización, la caída del muro de Berlín, las megacorporaciones y las revoluciones tecnológica, informática y de las comunicaciones, son hitos que han ido debilitando la política como instancia configuradora de lo social”. Al respecto, sostuvo: “Una de las formas a las que estamos obligados a apelar frente a esta circunstancia tiene que ver con la coalición de fuerzas afines”.
Finalmente, hizo constar que “el desafío de la construcción de esta coalición tiene que ver con la necesidad de saldar la principal deuda que tiene la democracia con los argentinos, la deuda con la justicia social y la igualdad”. Y enumeró: “Salud igualitaria, educación igualitaria, trabajo en condiciones dignas, terminar con el trabajo en negro, desarrollar todas las posibilidades que brinda la economía argentina a partir del contexto internacional favorable para dejar de ser materia prima dependientes”. 

Secciones

Nosotros

Contacto