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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 29 de mayo de  2017

22 de noviembre de 2010

RESTITUCIÓN DE UNA PLACA EN HOMENAJE A TROILO

Una feliz iniciativa

 

Por Haydée Breslav

En la fachada del viejo edificio de la calle Corrientes donde funcionó la boite Marabú se descubrió una placa que reemplaza a la que recordaba el debut en ese local de la orquesta de Aníbal Troilo, y que había sido sustraída.

El acto se realizó en cumplimiento de la Resolución N° 1962, que la Legislatura de la Ciudad Autónoma votó a partir de un proyecto presentado por el diputado por la Coalición Cívica Juan Pablo Arenaza, y en cuyos fundamentos se manifiesta, entre otros conceptos, que la reposición de la placa “tiene un significado intrínseco que define nuestra identidad y la memoria colectiva de porteños y argentinos”, y que “es necesaria y pertinente”. En la parte final se expresa, con referencia a Troilo: “La trayectoria del maestro fue excelente, el tango y nosotros los argentinos agradecemos su legado que lo ubica  junto con los hombres más importantes del dos por cuatro. Si bien el maestro falleció hace 35 años (el 18/05/75) su bandoneón sigue tocando y acompañando a las voces de este siglo.”
La placa, que fue realizada por el artista fileteador Luis Zorz, ostenta un retrato oval del homenajeado y la siguiente leyenda: “Aníbal Troilo ‘Pichuco’ que está en el alma de los porteños debutó aquí con su orquesta típica aquí en Marabú hace 60 años. Homenaje de la Asociación Gardeliana Argentina. Julio 1° de 1997”. Debajo, una plaqueta donde puede leerse: “Placa restaurada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.

El acto
Asistieron al acto, que tuvo lugar en el hall central del edificio, los diputados de la Ciudad (mc) Fernando Finvarb y Guillermo Smith; el presidente de la Asociación Gardeliana, Jorge Minces; Luis Zorz; figuras del tango encabezadas por Leopoldo Federico; otros funcionarios y público. La eficaz conducción estuvo a cargo de la locutora Guadalupe Roverano, de la Dirección de Ceremonial y Protocolo de la Legislatura.
En primer término habló la jefa de Despacho de Arenaza, Carolina Estebarena, quien destacó que el nombrado legislador y su equipo de asesores se han fijado como uno de los objetivos fundamentales el rescate y la preservación de elementos constitutivos de los patrimonios histórico, artístico y cultural de los porteños, por reconocerlos importantes factores caracterizadores de nuestra identidad.
Seguidamente Chichín de Buenos Aires se refirió a distintos aspectos de la vida y obra de Troilo, de quien finalizó diciendo que “junto con Carlos Gardel son los dos grandes iconos de la porteñidad”.
A continuación, y con el fondo musical de El abrojito, de Bernstein y Fernández Blanco, interpretado por el conjunto Troilo – Grela, se proyectaron emotivas imágenes del maestro.
Las ilustraciones musicales del encuentro fueron confiadas a los experimentados Cacho Acuña y Roberto Gallego que, en bandoneón y guitarra respectivamente, se lucieron acompañando en primer lugar a Susy Seilor. Esta cantante interpretó Che bandoneón, de Troilo y Manzi, La última curda, de Troilo y Castillo y Ventanita de arrabal, de Scatasso y Pascual Contursi.
La siguió Patricia Guadalupe, quien cantó Barrio de tango, con música de Troilo y esos versos de Manzi de los que el poeta Osvaldo Rossler dijo -en tiempos en que las letras tangueras no tenían acceso a las antologías de poesía- que bien podrían haber sido firmados por Baldomero Fernández Moreno. Después, y en un estilo que recordó la vehemencia arrabalera de su creadora, Elba Berón, entonó Desencuentro, de Troilo y Castillo.
Como es habitual, se anunció para el cierre “un broche de oro”, sólo que esta vez fue cierto. Porque estuvo a cargo del histórico cantor Juan Carlos Godoy, quien a los 88 años dio clase de prestancia y de solvencia, y hasta aportó toques de frescura, en sus dignísimas interpretaciones de los tangos El ciruja, de De la Cruz y Marino, Y a mi qué, de Troilo y Castillo y del vals criollo Adoración, de Paulos y Jiménez, este último a dúo con Carlos Marín.
Por último, la concurrencia se dirigió al frente del edificio, donde se procedió a descubrir la placa.

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