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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 22 de julio de  2018

6 de julio de 2010 

MESA REDONDA SOBRE EL BICENTENARIO

Nuestro origen revolucionario

 

Por Haydée Breslav

Con la consigna “1810: ¿Revolución? 1816: ¿Independencia?” una mesa redonda de historiadores debatió el 2 de julio en los altos de la confitería La cumbre, de La Paternal.

La actividad fue organizada por los centros culturales La Muralla y Osvaldo Pugliese, la agrupación Mujeres de Izquierda y el programa radial La deuda eterna, y la mesa estuvo integrada por los historiadores Elena González Bazán, Cristina Mateu, Fernando Pita y Miguel Ruffo, con la participación como moderador de Adolfo Melnik.
La apertura estuvo a cargo de Alejandro Zubieta, de La Muralla, quien así recordó el origen de la convocatoria: “Empezamos a reunirnos por el tema del Bicentenario, que tuvo tanta publicidad, y nos preguntamos doscientos años de qué; así fue como decidimos ponerle ese nombre a este ciclo”.
Se refirió seguidamente a la necesidad de reflexionar en el sentido de “ver qué nos ha pasado en estos 200 años, pero no sólo en el concepto de la historia sino como pueblo, y ponernos como sujeto de esa construcción histórica”, y se preguntó: “¿Qué son estos 200 años de lucha, 200 años de resistencia, 200 años de una revolución?”.
Habló luego de “ese concepto de revolución como ruptura y como transformación”, y subrayó por último: “Tenemos muchas ganas de reflexionar, de recuperar una conciencia crítica y de construir ideas y aportarlas al sujeto pueblo”.

"Hubo ideas revolucionarias”
Después de la presentación de los panelistas por el moderador, inició las exposiciones Elena González Bazán, quien opinó que “siempre que hay procesos complejos en la vida de los pueblos, va a haber pensamientos, actitudes y políticas enfrentadas”, y que “en definitiva podemos pensar que sí, que hubo ideas revolucionarias en ese momento, y hubo quienes las llevaron adelante”. Y remarcó: “Lo que tenemos que preguntarnos es si esas ideas triunfaron o si fueron derrotadas”.
En ese sentido, observó que “en el Plan de operaciones, que algunos dicen que le pertenece a Moreno y otros a Belgrano, pero en definitiva le pertenece a un grupo patriótico determinado, se plantean algo bien definido de lo que quieren como posible nación, e incluso se lo plantean desde los puntos de vista político, económico y social”.
Con referencia a la inquietud planteada por Zubieta, expresó que “en los 200 años desde mayo para acá, podemos encontrar que sí, que ha habido luchas, que tuvimos una gran resistencia durante grandes etapas de la historia nacional, que fuimos no solamente, como dicen algunos desde el punto de vista de la historiografía liberal, el granero del mundo, sino el país industrial por antonomasia en América latina, a la que dio la impronta como pionero en la formación del gran movimiento obrero, como organización y como lucha”.
Reconoció sin embargo que “ahora, con mucho dolor, hay que decir que somos un país dependiente económica y socialmente, donde ni siquiera tenemos un capitalismo desarrollado como las grandes potencias, y eso ha marcado a nuestro país y a nuestro continente”.

“Patria, revolución e independencia”
La siguiente expositora fue Cristina Mateu, quien comenzó por referirse a “tres términos que están muy vinculados al Bicentenario: patria, revolución e independencia”. Señaló que esos conceptos han sido tergiversados, y que “las mayores tergiversaciones se dieron, fundamentalmente, desde los 90, con la derrota de los socialismos y con el triunfo del neoliberalismo y el posmodernismo, que eliminaron muchos conceptos de uso y necesidad de los pueblos para la lucha por su liberación nacional y social”.
Acerca de los antecedentes de Mayo, explicó que “300 años antes de 1810, ya había un proyecto de independencia y una necesidad de liberarse de la opresión española”, y que “esas ideas fueron buscando cauce, para encontrarlo en la vanguardia revolucionaria que surgió en distintos lugares de América latina”. Mencionó a Bolívar, a Murillo, a Moreno y a Castelli, como algunos de “esos intelectuales imbuidos de las ideas de la época de las revoluciones burguesas y comprometidos con las necesidades de los pueblos indígenas y negros, que supieron interpretar el mayor problema que trajo España a América latina, el de la tierra”.
En ese sentido, puntualizó que “Artigas fue quien desarrolló la primera y más importante distribución, sobre un mar de latifundios, expropiando a los malos españoles y peores americanos, y dándoles las tierras a los más infelices y necesitados”, y que “ con la derrota de Artigas se derrota a toda una corriente revolucionaria que quería mejorar la condición de los indios y de los negros, redistribuir la tierra, desarrollar la industria y promover la agricultura”.
Insistió en que “al ser derrotada esta corriente, se mantuvieron el latifundio y las condiciones de precariedad y servilismo, e incluso de esclavismo, de las poblaciones”, y concluyó: “Por eso muchos decimos que hay tareas pendientes de la Revolución de Mayo, y nuevas tareas en relación a esta nueva dependencia, y que es necesaria una segunda y definitiva independencia que nos libre de esos grandes males que tenemos, que son el latifundio y la dependencia económica de los grandes imperialismos”.

Distintas miradas y lecturas
A su turno, Fernando Pita empezó por admitir: “Yo no me considero un especialista en el tema Revolución de Mayo, no investigo específicamente en este tema”. Aclaró seguidamente que no le gusta “agarrar la guitarra acústica y sanatear, como es común en muchos legisladores”.
Planteó entonces explicar “qué miradas se hacían de la Revolución de Mayo”, y “cómo se veía la historia desde las distintas perspectivas político-ideológicas, y también desde la académica”.
Así, pasó a hablar de “la visión liberal del origen de la Revolución de Mayo”, e indicó que “esta lectura fue quizás la que más influyó, durante mucho tiempo, en el origen de la disciplina histórica, cuando no era todavía una disciplina académica”. Agregó que “después, esa mirada fue difundido en términos más escolares como la lectura del Billiken y lo que uno padecía en la primaria, esto de los grandes próceres, la escarapelita y los grandes monumentos”.
Se refirió posteriormente a “una revalorización de lo hispánico y de lo colonial”, que tuvo su expresión en “una mirada que empezó en forma encubierta en los años 20 y fue tomando fuerza en la década del 30”, y que incluyó “una revalorización del catolicismo y de la Iglesia en la Revolución de Mayo”.
Sostuvo asimismo que “en la época de Perón, el peronismo no reivindica los valores del revisionismo histórico”, y puso como ejemplo que “cuando Perón nacionalizó los ferrocarriles, los nombres [que les impuso] fueron los de la historiografía liberal, salvo San Martín, que lo reivindicaba todo el mundo”, y enumeró: “Sarmiento, Roca, Urquiza y Mitre”.
Y prosiguió: “En los años 50 y 60, como la Libertadora puso el eje Mayo-Caseros-Septiembre, empieza a verse cómo, desde sectores que habían apoyado al peronismo, hacen una lectura distinta del pasado histórico”. Mencionó, entre otros, a Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y Fermín Chávez.
Por último, subrayó que “la mirada académica hegemónica que apareció muy fuertemente post 80, post dictadura militar, empezó planteando cuestiones distintas, como el tema de que no hubo una revolución”.

“Un proceso revolucionario”
Por su parte, Miguel Ruffo principió su sólida y medulosa intervención planteando que “la época de la Revolución de Mayo es la de las revoluciones burguesas, que se había iniciado en el siglo XVII con la Revolución Inglesa, y profundizado en 1776 con la guerra de independencia de las colonias inglesas de América del Norte, en 1789 con la Revolución Francesa, y con la revolución industrial en Gran Bretaña a fines del siglo XVIII”.
Y continuó: “Si uno parte de esto, surge inmediatamente una pregunta: ¿fue la Revolución de Mayo la revolución burguesa de la historia argentina? Y si la respuesta es afirmativa, ¿en qué consiste su especificidad?”. Manifestó luego que, para responder a esas preguntas, lo primero que debe tenerse en cuenta es “cuál era el tipo de sociedad que había en la América hispano-colonial”.  
En ese sentido, y después de otras consideraciones, abordó la cuestión económica y describió la manera “en que se apropiaba España del excedente económico que se generaba en los espacios coloniales”; precisó que había “tres vías de apropiación” y que una primera era “la vía fiscal, o sea el régimen impositivo que había impuesto España en América”.
Agregó que “una segunda vía era la propia Iglesia, que tenía propiedades muy importantes” y asimismo “desempeñaba funciones como prestamista, porque no había instituciones bancarias”, y que “una tercera vía era la del capital comercial, que tenía un acceso monopólico al mercado”.
Desarrolló seguidamente una explicación en la que demostró cómo “la Revolución de Mayo trastrueca estas tres vías de apropiación del excedente”.
Pasó entonces a “otro movimiento muy importante, el de la formación de las milicias”, y recordó que “Lenin decía que sin desintegración del ejército no se ha producido ni puede producirse ninguna gran revolución”, y se preguntó: “¿No es esta formación de las milicias criollas una forma específica, en Buenos Aires, de esa desintegración militar?”. Y subrayó: “Pensemos que en 1810 la única clase que va a tener poder militar en Buenos Aires es la burguesía criolla”.
En consecuencia, aseguró: “Económica y militarmente, estamos en presencia de un proceso revolucionario, y acá viene el tercer punto que quería señalar, que es el político”. Al respecto, manifestó: “Todo el espacio hispano colonial estaba marcado por la sujeción política a España, y la Revolución de Mayo produce una ruptura política, o sea que el imperio colonial es privado de la superestructura política que le permitía reproducir su esquema de poder económico-social”.
Y enfatizó: “Esto ocurre con la Revolución del 10; nosotros tenemos un origen revolucionario; y quiero recalcar esto porque, en una época donde la revolución parece estar desprestigiada y defenestrada, una manera de recuperar la condición revolucionaria en el presente es ser consciente de nuestro origen revolucionario en el pasado”.

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