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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 25 de julio de  2017

12 de diciembre de 2008

EXCELENTE PRIMER DISCO DE PLAZA FLORES TANGO

Por calles de la vida

Por Haydée Breslav

Luego de varios años de presentarse en pequeños reductos con espectáculos de gran calidad, el grupo musical porteño ofrece al público tanguero su primer CD.

 

La Plaza Flores no figura en el mapa oficial de Buenos Aires. Sin embargo, los vecinos y transeúntes que frecuentan el populoso paseo ubicado frente a la basílica de San José así lo nombran, haciendo caso omiso de la nomenclatura municipal que lo registra como Plaza Pueyrredón.
Algo parecido ocurre con el auténtico espíritu tanguero, que es el que el pueblo reconoce, a pesar de los productos que buscan imponer empresarios, gerenciadores de la cultura y funcionarios de turno.
Acaso un pensamiento análogo inspiró a los integrantes de Plaza Flores Tango para denominar de ese modo a la agrupación, que recientemente presentó su primer disco, Por calles de la vida.
Es éste un hecho que merece destacarse, porque el conjunto conceptúa el tango, y lo interpreta, como lo que realmente fue, y es: la más bella expresión de sentimientos, vivencias y anhelos de las clases populares de Buenos Aires. Algo en apariencia tan simple; y tan difícil de lograr. Y se advierte desde la elección de los temas –todos igualmente dignos, salvo una excepción sobre la que volveremos– hasta los arreglos, pertenecientes en su mayoría a Gabriel Genlote, que, sin incurrir en banalizaciones ni estereotipos, permanecen fieles a la esencia tanguera, y pasando por las distintas versiones.
En cuanto a éstas, es preciso puntualizar que Silvia Marán es una de las mejores cancionistas de estos momentos. Empleamos a propósito ese término, que sirvió para designar a las mujeres que cantaban tangos y ostentaron figuras como Rosita Quiroga, Azucena Maizani, Mercedes Simone y Nelly Omar, entre muchas otras, hasta que a fines de los 60 a alguna diva con “más pretensiones que bataclana” le pareció que la palabra era tal vez demasiado popular,  o localista, y exigió que la llamaran “cantante”. Otras la imitaron.
Como aquellos arquetipos, Silvia reúne estimables condiciones naturales, sobrados recursos técnicos y una delicadeza expresiva ajena al histrionismo y al alarido. Los énfasis están dados por el inteligente empleo del fraseo y la pluralidad de matices; además, hay en la diafanidad de su voz ciertas inflexiones ásperas (y muy tangueras) que intensifican los efectos dramáticos. De entre las interpretaciones incluidas en el disco destacamos su creación del clima nostálgico e intimista en Viejo baldío; los acentos sombríos y desolados de Después y la recreación de Pompeya no olvida. A diferencia de Patricia Barone, su creadora, que aborda el tema desde el dolor más agudo, Silvia lo hace, como quería  Discépolo, desde “el recuerdo de ese gran dolor”.
Por su parte, Ismael Jalil ha logrado un estilo propio a partir de una firme y clara voz de barítono, con un vibrato natural criteriosamente manejado, al igual que su tendencia al rubato, gracias a una técnica en cuyo dominio ha puesto sin duda el mismo fervor y respeto por el tango que en la labor que desarrolla como difusor e investigador; el fraseo recuerda por momentos al gran Floreal Ruiz. Su ductilidad interpretativa queda de manifiesto, sobre todo, en el agitado dramatismo de Suerte loca, en la sugestión romántica de Rondando tu esquina, en la sencilla emotividad de Madrugada; y es una joyita la versión a dúo con Silvia de Ausencia, el vals de Gardel. Para satisfacción del orgullo tanguero, digamos también que este cantor también sabe guapear, claro que al modo de hoy: es militante de organismos independientes de derechos humanos y defensor de víctimas del gatillo fácil.
Aportaron al disco su solvencia y profesionalismo Ariel Argañaraz y Gabriel Genlote en guitarras y arreglos, Irene Cadario en violín, Hernán Reinaudo en guitarrón, Marisol Andorrá en flauta traversa y Salvador Quique Greco en bandoneón.
Párrafo aparte merece la gráfica, que contiene glosas a los distintos temas, compuestas por sendos textos de algunos de los mejores poetas de Buenos Aires, y reproduce una luminosa témpera-tinta de Pedro Gaeta.
Entre tantos aciertos, constituye una nota discordante la inclusión, junto a  temas tan cuidadosamente elegidos, de un tango ramplón y de mensaje equívoco como Los cosos de al lao. A fin de cuentas, la perfección no existe.

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